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Una macroeconomía al servicio del empleo y el crecimiento

Siempre he considerado que uno de los mejores consultores que visitó El Salvador para apoyar la formulación de las estrategias quinquenales de desarrollo que antes proponía FUSADES, pero lamentablemente uno de los menos escuchados, es el profesor Roger Norton. Él, al observar que desde 1996 en adelante, las reformas económicas de inspiración neoliberal no estaban generando los resultados esperados hizo en 1998 tres advertencias que, de haberse tomando en cuenta oportunamente, habrían evitado que el país permaneciera en el largo ciclo de débil competitividad, lento crecimiento, baja capacidad de generación de empleos y deterioro de la situación fiscal que todavía le caracteriza.

La primera advertencia es que cuando se diseñan estrategias y planes de desarrollo, hay que tener siempre en cuenta que: "No hay una sola política macroeconómica exitosa todo el tiempo y en cualquier parte". La segunda, es que: "La política macroeconómica que se adopte en cualquier país depende de la elección del tipo de economía y del tipo de sociedad que se quiera". Y la tercera, basada ya en su análisis de la economía salvadoreña, era que: "La política macroeconómica que para entonces se estaba aplicando (y que todavía continúa en marcha), se caracterizaba por presentar un sesgo antiexportador contrario a los sectores de bienes transables (principalmente la agricultura y la industria)". Ese sesgo se expresaba en: a) un tipo de cambio que durante los años noventa, lejos de reducir la fuerte apreciación que el caracterizaba en 1980, se apreció un 25% más en los años noventa, como consecuencia de no haber aprovechado las crecientes remesas recibidas para adoptar políticas que estimularan el ahorro privado y fortalecieran las finanzas públicas; 2) un grado de apertura comercial que no se correspondía con el nivel de competitividad alcanzado por el aparato productivo nacional, y c) una política fiscal incapaz de asegurar los recursos requeridos para financiar las inversiones en educación, capacitación, salud e infraestructura que se necesitan para aumentar la productividad laboral y reducir los costos de producir en el país.

Para salir de esta situación, todavía vigente, El Salvador necesita de un marco de políticas macroeconómicas que reduzca el peso del consumo en el PIB; que potencie las finanzas públicas y el gasto en desarrollo humano, y que incentive el ahorro, la inversión y las exportaciones, especialmente en ciertas ramas intensivas en la mano de obra que más abunda en el país.

Debido a la dolarización y a la suscripción de tratados de libre comercio con los principales socios comerciales del país, las opciones de política son escasas y deben de buscarse en el marco de una economía abierta y con la perspectiva de minimizar los riesgos y optimizar las oportunidades derivadas de la apertura. Algunas que han sido reiteradamente sugeridas en los informes sobre desarrollo humano son las siguientes:

1) Establecer un fondo de apoyo a la competitividad de las ramas económicas o rubros en los que se identifiquen posibilidades de exportación, de sustitución de importaciones o de desarrollo de cadenas productivas. Dicho fondo podría ser alimentado con la recaudación obtenida de la aplicación de sobretasas a los créditos al consumo o con el establecimiento de una tasa aplicable tanto a la producción nacional y a las importaciones, cuya recaudación podría ser utilizada para financiar proyectos de incubación de empresas, encadenamientos productivos, asocios público privados, desarrollo de tecnologías, provisión de bienes públicos condicionados a la realización de ciertas inversiones, entre otros.

b) Refuerzo presupuestario para educación en ciencia y tecnología. Esto se haría mediante el establecimiento de una tasa a la telefonía celular, cuya recaudación sea utilizada para universalizar la enseñanza de la computación y el inglés en los establecimientos públicos del país.

c) Instauración de un sistema de ahorro obligatorio de capitalización individual y de administración pública, cuya cobertura inicial podría ser la adquisición de vivienda, para luego extenderse a otros rubros tales como seguros por desempleo, educación inicial y superior de los hijos, entre otros. Las tasas aplicadas en cada rubro se ajustarían a medida que se incrementa el salario real, variarían según la edad de los afiliados y estarían vinculadas con los objetivos macroeconómicos (suben en períodos de recalentamiento de la economía y bajan en períodos de recesión o lento crecimiento). Se sugiere que el ahorro acumulado se utilice, bajo una normativa estricta, para financiar un programa agresivo de inversión pública que convierta a El Salvador en el país con la mejor infraestructura de movilidad y logística en América Latina.

* Economista Jefe del PNUD.