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Una lección de economía

El profesor Jesús Huerta de Soto, catedrático de Economía Política de la Universidad Rey Juan Carlos, de Madrid, preguntaba a sus alumnos las razones de la caída del imperio romano. La respuesta, casi unánime, es la que casi todos hemos aprendido en los libros de historia: Las invasiones de los bárbaros. Lo que el catedrático cuestionó con el argumento de la imposibilidad de que tan poderoso imperio, dotado de una avanzada legislación, con las mejores legiones y dueño de casi todo el mundo conocido, pudo haber sido dominado por tribus bárbaras, sin mayor organización ni cultura.

El catedrático explicó la teoría del Dr. Peter Temin, quien en su libro "La economía del alto imperio romano", sostiene que la causa real de la caída del Imperio, se encuentra en la conocida frase: Pan y circo. Los emperadores consideraron que la mejor manera de dominar y tranquilizar al pueblo, era proporcionarle diversión gratuita, en la forma de espectáculos, como luchas de gladiadores, en el maravilloso escenario del Coliseo, que podía transformar su arena, en un inmenso depósito de agua, para sostener batallas navales, que alternaban con luchas de fieras, procedentes de todos los rincones del imperio.

Además, se iniciaron ambiciosos programas de reparto gratuito de trigo para las clases pobres, que paulatinamente se fueron engrosando con ciudadanos menos necesitados, pero atraídos por el alimento fácil. Muy pronto comenzaron a surgir las consecuencias del subsidio del pan, y la agricultura dejó de ser rentable, ya que al haber una drástica disminución de compradores, rebajó también la producción de alimentos. Esto dio lugar a una masiva migración de campesinos a Roma, donde las condiciones de vida eran mejores, generando así un considerable aumento de la pobreza.

El siguiente paso, fue una severa inflación, ante el encarecimiento de los productos alimenticios, que el Estado frenó con un inmediato control de precios, que entró en vigor alrededor del Siglo III. Por decreto, se prohibió abandonar el campo, dando inicio a mayor servidumbre y a un desaparecimiento del comercio. No fueron las invasiones de los bárbaros las que hicieron caer al imperio romano: fueron leyes equivocadas que pretendiendo disminuir la pobreza, sin generar empleo, produjeron así mayor pobreza. Podría calificarse como el socialismo del imperio romano.

Lo anterior confirma el pésimo modelo que ha querido imponernos el gobierno del FMLN, gastando millones en subsidios, que han elevado la pobreza en lugar de disminuirla, según datos de organismos internacionales. Aunque el presidente Funes asegura que el gran legado de su gobierno son los programas sociales, que deben convertirse en políticas de estado, basta observar los ejemplos del socialismo de Cuba y Venezuela, que son pruebas evidentes del desastre de un sistema que beneficia únicamente a quienes pretenden perpetuarse en el poder.

El gobierno del cambio parece ignorar, que ya los ciudadanos abrimos los ojos, que existe una sociedad civil alerta, con una creciente clase media, resultado de la movilidad social, producida por el modelo de libre mercado, que tiene la capacidad de analizar la realidad, y no creer en las mentiras de los funcionarios. Que el subsidio del gas, ha costado tantos millones como cuando el tambo valía $5.75 para todo público, y que lleva ya 4 sistemas fallidos. Que el enorme subsidio a los buseros no beneficia a la población, que tampoco iba a aceptar sumisamente la estafa del FONAT, ni los tristemente célebres decretos 743 y 412.

¡Interesante lección de economía sobre la caída del imperio romano! Salvadoreños, recordémosla a la hora de emitir nuestro voto.

*Columnista de El Diario de Hoy.