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¿Una justicia ciega, sorda, tonta... o qué?

La justicia en nuestro país demuestra, en muchos casos, que está ciega, pero no en el sentido con que la presentan sus efigies: con una balanza en la mano y los ojos tapados con una venda. No, no es en ese sentido de justa imparcialidad, sino en que no ve o no quiere mirar lo evidente. Parece ciega, o sorda o tonta, carente del más mínimo sentido común y nulo sentido social.

Ya señalé en anterior artículo cómo en la pasada elección, tal como el Tribunal Supremo Electoral decidió, los electores salvadoreños quedaron divididos en dos clases: clase superior, aquellos cuyos votos son contados, y clase inferior: aquellos cuyos votos no son contados porque las actas correspondientes no reflejaban la verdad, y no se quiso abrir las urnas. Pónganle los lectores el adjetivo que les parezca a esta extraña justicia, digna de figurar entre las curiosidades de Ripley.

Otro asunto --afortunadamente al final se salvó--, es que algunas mentes oscuras habían segregado la posibilidad de suprimir el estímulo económico para el equipo de fútbol de playa porque… perdió (¡!) y también porque ahorita tenemos un tiempito en que no hay competiciones. De todos los deportes de equipos, el único equipo salvadoreño que tiene categoría y prestigio internacional, ganado con toda justicia, es precisamente nuestro equipo de fútbol de playa, cuyos jugadores, además de su excelencia profesional, muestran unos valores humanas llenos de humildad, prudencia, sensatez y sentido religioso muy notables. Tienen toda mi admiración y respeto. Y demuestran, además, contra los que igualan pobreza con indignidad, lo que he escrito ya en otras ocasiones, que entre gente pobre se encuentran muchas veces personas con más categoría humana que en gente de mayor nivel económico. Añado que el estímulo económico que seguirán recibiendo es bastante miserable. Tendrán que seguir viviendo de la pesca.

Hay otra situación de injustica que me indigna más que las anteriores. ¿Cuánto creen ustedes que debería ganar un policía? Para que se hagan una idea, el sueldo base de un ordenanza de la Asamblea Legislativa en una categoría superior, si no me equivoco, es de $1,750.00. mensuales. Sería muy justo que un policía, que trabaja en ambientes incómodos, difíciles y en condiciones de alto riesgo, como se ve por el número de los que son asesinados, debería tener un sueldo superior al de un ordenanza. Ya sería injusto que ganara lo mismo que un ordenanza, pero la realidad es mucho peor. El sueldo total mensual de un policía es $552.20 pero con los descuentos obligatorios (Ipsa, ISSS) más los opcionales (seguro de vida y cooperativa de empleados) se le queda en $204.92 ¡para vivir él y su familia!

¿Qué tal? ¿Qué les parece? No sé a ustedes, los que me leen, pero a mí me parece una monstruosidad, una tremenda injusticia y además injusticia muy peligrosa porque, con esos sueldos de miseria, moralmente no se les puede exigir grandes hazañas. Esto es algo que clama al cielo, algo que requiere una urgente reparación. Pienso que los honorables diputados de la honorable Asamblea, tienen el deber imperioso y urgente de remediarlo. Y que no vengan con cantinelas de que no hay presupuesto. ¡Ya lo creo que lo hay! Corten todos los despilfarros y abusos que existen dentro de los funcionarios públicos y especialmente también los que hacen muchos de los diputados, entre otros casos viajando adonde nadie les necesita ni se les ha perdido nada, salvo la vergüenza y la honorabilidad.

Mientras discuten sin prisas, pausadamente, políticos, politólogos, profesionales de los medios informativos, qué política hay que seguir contra la creciente criminalidad, mientras tanto bien podría enderezarse el entuerto y hacer que los agentes de la PNC tengan un sueldo ajustado a la categoría e importancia que su trabajo lleno de peligrosidad merece. Que al menos, por esta vez, la justicia no sea ciega, sorda, tonta y miserable. Que al menos por esta vez sea simplemente justicia.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com