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Una disculpa pública a Vanda Pignato

Vanda Pignato ha sido, sin duda, la Primera Dama más comprometida con el desarrollo de El Salvador, comparable únicamente con doña Elizabeth de Calderón Sol, quien continúa realizando una importante labor en beneficio de los sectores marginados de la sociedad. En estos cinco años, revolucionó totalmente el rol de una Primera Dama, que antes era una figura protocolaria con meros compromisos sociales, convirtiéndose en una gran ejecutora de trascendentales obras en beneficio de la mujer y de la niñez salvadoreña. Ella misma ha reconocido que no fue fácil implementar este cambio, pero su esfuerzo ha sido hoy reconocido hasta por las Naciones Unidas.

Su labor al frente de Ciudad Mujer es impecable. Su misión por empoderar a la mujer salvadoreña, quien asume el rol de padre y madre en un sinfín de hogares, es loable. Cualquier político quisiera poder lucir tan natural al acercarse a las mujeres más pobres de nuestro país y darles un abrazo o una palabra de aliento. Es por todo esto que Vanda Pignato inspira un profundo respeto por su persona y por todo lo que hace. Incluso, fue galardonada con la Legión de Honor, la máxima condecoración de Francia, instituida por Napoleón Bonaparte y otorgada a personalidades como Winston Churchill, Eisenhower, Víctor Hugo, la Reina Isabel II, y a un salvadoreño más: José Gustavo Guerrero, expresidente de la Corte Internacional de Justicia.

En alguna ocasión, Vanda Pignato mencionó que ella no era el poder detrás del trono, lo cual hace completa lógica al recordar el sabio dicho que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Es lamentable que ella no haya podido ser valorada y respetada en la Residencia Presidencial de la misma manera que lo hace el pueblo salvadoreño y la comunidad internacional, y que ahora se vea envuelta en las revelaciones de los medios de comunicación que han hecho público un secreto a voces. Sobre esto, la Primera Dama se ha limitado a decir públicamente que "el que tiene que hablar es el Presidente de la República" y ha pedido "la comprensión de todos los salvadoreños y salvadoreñas, que entiendan que mi vida personal es personal, por respeto a mí como mujer y a mi hijo Gabriel". Se desenmarcó así totalmente de Mauricio Funes.

No es el objeto de este artículo ahondar en los hechos ni en los sentimientos inmerecidos por los que atraviesa la Primera Dama, sino hacer un reconocimiento público a la mujer brasileña que con su sensibilidad por nuestros problemas, vino a convertirse en una salvadoreña más; que con su desempeño como funcionaria de primer nivel, dio honor al servicio público y puso a El Salvador en la discusión internacional. Pero sobre todo, deseo darle una disculpa pública por la vergüenza ajena que nos causa a los salvadoreños la situación en la que se le ha colocado. Sepa que su dignidad, su valía y su respeto están hoy más compenetrados en nuestra sociedad que nunca. ¡Gracias, Primera Dama, por su excelente labor!

*Colaborador de El Diario de Hoy.

@Arevalo_Rengifo