Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Una computadora por niño, promesa con gran incertidumbre

El gobierno efemelenista del presidente Salvador Sánchez Cerén, en el área de educación, ha prometido continuar con los programas de gratuidad de los uniformes y zapatos, los cuadernos, el vaso leche un par de días a la semana e incluso ampliarlos a bachillerato; además extender lo de la escuela inclusiva a tiempo completo y su plan estrella, además de la Universidad en línea, echar andar el programa una computadora por alumno.

Me parece fundamental que haya preocupación por la educación, aunque en el gobierno anterior, el primero del FMLN, poco o nada se impulsó el tema educativo de manera estructural, como debe de hacerse si, realmente, se quiere que el país se monte en el tren del desarrollo; un par de ejemplos de esta afirmación: no hubo ministro de Educación a tiempo completo, además de caer en la mayoría de indicadores, no se incrementó el presupuesto, mucho menos se inició la reforma educativa que se necesita.

No es mi interés centrarme en estos puntos, sí quiero ocuparme en una idea que puede ser interesante e incluso importante, como lo es el programa una computadora un niño.

Y es que este programa no se agota con la entrega de una PC, laptop, tableta o teléfono inteligente a cada estudiante, esto es importante pero no lo fundamental; se requiere que haya interconexión a la red de redes, señal de Internet, como dicen los cipotes; programas y aplicaciones propios pero, sobre todo, un maestro capacitado que ponga en marcha los nuevos parámetros de la educación en línea, apoyado con programas modernos y accesibles, con una visión pedagógica diferente a la que tenemos ahora, donde un profesor se pone al frente de sus alumnos a dictar y, en el mejor de los casos, da una clase magistral apoyada luego en trabajo de grupo.

El programa no es nuevo, a mediado de la década pasada ya fue planteado y puesto en marcha en otros países de América Latina como México, Brasil o Uruguay, teniendo desarrollos desiguales así como resultados disparejos que muestra sobre todo lo que no se debe de hacer, más que lo que se hace.

Leyendo la autobiografía de Jorge Casteñeda, excanciller e intelectual mexicano, y uno de los artífices del llamado Declaración Franco- Mexicana, a inicios de la década de los Ochenta cuando se le dio apoyo internacional al FMLN, durante la guerra, recoge un pasaje de su vida cuando en 2008 formó parte de la comisión "One Laptop per Child", iniciativa de Nicolás Negroponte en base a la idea generada por el Media Lab del Massachesetts Institute of Technology (MIT) para que dicho programa fuese puesto en marcha en México. Las disputas sobre quién proporcionaría las máquinas, o la visión de cómo debería de ponerse en práctica o simplemente por las intrincadas cuestiones político-partidistas no se pudo echar andar el proyecto. Sí lo hizo Uruguay, en 2007, a través del Proyecto de Conectividad Educativa Informática Básica para el Aprendizaje en Línea (CEIBAL).

Por cierto, en el libro de Castañeda (que prometo comentarlo en esta columna próximamente) recoge una reunión celebrada en Uruguay, el 25 de enero de 2013, esta vez entre las autoridades de CEIBAL y el recién elegido presidente priista de México, Enrique Peña Nieto y su equipo; el objetivo de la cita: conocer la puesta en marcha de este programa en Uruguay para replicarlo en México porque también es promesa de campaña electoral. ¡Seis años después vuelven al inicio!

Luis Yarzábal, quien fuera director nacional de Educación Pública y presidente de CEIBAL sostiene, en una larga entrevista publicada por ABC Color, que no basta con suministrar las computadoras, incluso garantizar la conectividad a Internet, sino capacitar a los docentes. "Se debe incorporar a la formación de los docentes en el manejo de las TIC como una materia transversal. Y luego que ellos mismos utilicen estas tecnologías para llevar adelante su formación específica en cada una de las materias o áreas". Esto supone modificaciones curriculares más a fondo, lo que implica una reforma educativa de veras, con visión de futuro, incorporando a los diversos sectores, incluidos los productivos, y pensando en el bien del país.

Es más, Yarzábal se plantea una interrogante que debe de solventarse de manera teórica y práctica: "El plan demostró ser una herramienta poderosa para hacer desaparecer la brecha tecnológica en lo que tiene que ver con posesión de computadoras y conexión a Internet, pero no ha tenido resultados tan importantes en la calidad educativa...La lección aprendida es que los docentes y el componente educativo del plan no deben llegar después, sino llegar conjuntamente con el diseño del plan. Sí el componente educativo se deja para una etapa tardía en el proceso impide mejorar la calidad educativa en lo inmediato".

El Ministerio de Educación efemelenista, el gobierno salvadoreño, o la sociedad en su conjunto, en particular las universidades y las élites intelectuales, ¿están discutiendo esto? Creo que no y me parece que no le interesa a nadie...

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com