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El último llamado

Ha llegado el momento de tomar decisiones, de involucrarse, de ser protagonistas en la lucha por salvar a El Salvador. ¡Es la última oportunidad… no habrá otra! Después, si no participamos hoy, ya no podremos quejarnos. No es necesario ser un analista político para constatar lo precario de la situación. Por eso hay que comprometerse, ser incondicionales, ser patriotas, si es que queremos defender las causas y los principios que enaltecen al hombre. No queremos un país esclavizado por ideologías foráneas.

Que sirva la carta del periodista cubano Miguel Ángel Quevedo, propietario y director de la popular revista "Bohemia", como una advertencia de lo que podría suceder en El Salvador. Miguel Ángel Quevedo fue de los principales responsables de la situación creada en Cuba con la dictadura roja. Sin embargo reconoció su error "y tuvo el valor moral de apelar al suicidio como un testimonio de protesta contra la tiranía comunista".

La carta dice: "Culpables fuimos todos. Los periodistas, que llenaban mi mesa de artículos demoledores, arremetiendo contra todos los gobernantes. Buscadores de aplausos que, por satisfacer el morbo infecundo y brutal de las multitudes, por sentirse halagados por la aprobación de la plebe, vestían el odioso uniforme de oposicionistas sistemáticos. Uniforme que no se quitaba nunca. No importa quien fuera el Presidente, ni las cosas que estuviese realizando a favor de Cuba. Había que atacarlo y había que destruirlo. El mismo pueblo que los elegía, pedía a gritos sus cabezas en la plaza pública. El pueblo también fue culpable.

"Fidel no es más que el resultado del estallido de la demagogia y de la insensatez. Todos contribuimos a crearlo. Y todos, por resentidos, por demagogos, por estúpidos o por malvados, somos culpables de que llegara al poder.

"Todos fuimos culpables. Todos. Por acción u omisión. Viejos y jóvenes. Ricos y pobres. Blancos y negros. Honrados y ladrones. Virtuosos y pecadores.

"Muero asqueado. Solo. Proscrito. Desterrado. Y traicionado y abandonado por amigos a quienes brindé generosamente mi apoyo moral y económico en días muy difíciles. Todos deshumanizados y fríos, me abandonaron en la caída. Cuando se convencieron que yo era anticomunista, me demostraron que ellos eran antiquevedistas.

"Ojalá mi muerte sea fecunda. Y obligue a la meditación. Para que, los que queden, aprendan la lección, Y los periódicos y los periodistas, no vuelvan a decir jamás lo que las turbas incultas y desenfrenadas quieran que ellos digan. Para que la prensa no sea más un eco de la calle, sino un faro de orientación para esa calle. Para que los millonarios no den más su dinero a quienes después los despojan de todo. Para que los anunciantes no llenen de poderío con sus anuncios a publicaciones tendenciosas, sembradoras de odio y de infamia, capaces de destruir hasta la integridad física y moral de una nación. Y para que el pueblo recapacite y repudie a esos voceros del odio, cuyos frutos hemos visto que no podían ser más amargos.

"Fuimos un pueblo cegado por el odio. Y todos caímos víctimas de esa ceguera. Nuestros pecados pesaron más que nuestras virtudes. Nos olvidamos de Nuñez de Arec, cuando dijo: Que cuando un pueblo olvida sus virtudes, lleva en sus propios vicios su tirano…".

Por eso es imprescindible transmitirle a la gente lo que pueden esperar de un régimen comunista. Para que abran los ojos y no caigan en la trampa de la demagogia. Para que mediten y vean el caso de Venezuela, un país rico, que debido a medidas populistas, se está desmoronando. ¿Qué pasaría con un país pobre como el nuestro?

Es bochornoso que este gobierno no se pronuncie sobre lo que está aconteciendo en Venezuela. El silencio otorga.

Tomemos en serio esta amenaza que se cierne sobre nuestro futuro y el de nuestros hijos. Esperamos contar con personas valiosas como tú. Acércate, la Patria te necesita. Cerremos filas por la libertad.

*Colaborador de El Diario de Hoy