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El último chance

En la campaña presidencial ha ocurrido -por fin- un último chance de mostrar consistencia entre el discurso de cada candidato y las acciones de su facción política. Ese último chance se llama "elección del presidente de la Corte Suprema de Justicia" y el candidato que no ejerza el liderazgo para elegir a un presidente de lujo –es decir, a una persona independiente, imparcial e intelectualmente sobresaliente– asegurará su fracaso electoral en 2014. En seguida la explicación.

Desde hace más de dos años, cada vez son más los indignados ante la ola de esfuerzos continuos y sistemáticos por desbaratar la actual Sala de lo Constitucional y configurar un Órgano Judicial obediente. La crisis de representatividad se ha profundizado y otra decisión desalentadora, como elegir a un presidente con claros indicios de mantener la misma batalla anti estado de derecho, podría producir un clima de zozobra e inestabilidad política de consecuencias inmensurables. Por otra parte, el discurso de una Sala controlada por determinada élite ya no cala y los hechos se imponen en el debate. ¿Cuáles hechos?

A diferencia de lo visto en la Presidencia de la República o en la Asamblea Legislativa cuando niegan revelar gastos en navidad, viajes, asesores y publicidad, la Sala de lo Constitucional se ha centrado en ampliar los derechos de los salvadoreños. El hecho detonante tuvo lugar el 30 de julio de 2010 cuando la Sala abrió las puertas al voto por persona y a las candidaturas independientes. La reacción de la clase política fue filtrar el borrador de la sentencia y los diputados aprobaron un proyecto de reforma constitucional entrada la madrugada. Esta misma práctica ha persistido y alcanzado mayor complejidad bajo distintos nombres; llámese decreto 743, comisiones especiales, denuncias por antejuicios, intentos de traslados, Corte Centroamericana de Justicia o amenazas de sindicalistas a la integridad física de los magistrados, entre otros. Asimismo, dicha práctica ha intentado ser justificada al acusar a los cuatro magistrados constitucionales de responder a la oligarquía y a la derecha política. Una vez más, los hechos se imponen y exponen la verdad de lo sucedido: en todo caso, la Sala le ha dado la razón a la izquierda política en repetidas ocasiones.

Lo anterior se resume en una frase con que Héctor Dada Hirezi tituló una de sus columnas en medio de la crisis de 2012: "¡Y la Sala les dio la razón!". Acá los hechos: la izquierda demandó en su momento por aquella "partida secreta" que resultaba de los residuos no ejecutados de cada ministerio y la Sala les dio la razón; la izquierda acusó en su momento de burlar la voluntad soberana del pueblo al realizar una segunda elección de magistrados por la misma legislatura y la Sala les dio la razón; la izquierda exigió en su momento una Corte de Cuentas despartidizada y la Sala les dio la razón... Claro, estos momentos ocurrieron antes de 2009 cuando la izquierda aún navegaba en la oposición y abrigaba varias demandas ciudadanas. Ya en el poder, el partido oficial ha recibido con serenidad fallos fáciles de aceptar; como el que exigió que cada concesión pase por la aprobación del Legislativo -porque allí, ellos tienen el mando- o el que anuló el nombramiento de un militar de baja en el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública -porque allí, ellos perdieron el mando.

En este contexto, se presenta un caso típico de teoría de juegos: existe un dilema y los jugadores pueden, o pactar entre ellos; o bien, adelantarse a sus competidores y sacarle raja al asunto. El dilema en este caso es si se actúa a favor o en contra de elegir a un presidente del Órgano Judicial consecuente con el sistema republicano de pesos y contrapesos que tanto aparece en los discursos de campaña. Es cierto que las tres fuerzas políticas principales podrían pactar y confabular para mantener a un presidente fiel a la partidocracia; pero también es cierto que sus candidatos son astutos y saben que el momento puede aprovecharse. ¿Cómo? Adelantándose a sus adversarios al mostrar dotes de un estadista comprometido porque se elija un presidente de lujo. En ese sentido, quien cante primero al ritmo de la institucionalidad convencerá a un sector electoral clave e indispensable para la victoria en 2014. Por favor, entiéndalo; no habrá más chances, este es el último.

*Colaborador de El Diario de Hoy

@Guillermo_MC_