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¡Ubíquense!

¡Abran los ojos! Su utopía bolivariana ha fracasado. Ya a su patrón Maduro le andan diciendo chumpe, tanto por metida de pata tras metida de pata, como porque no llega a Navidad en el trono de Miraflores

Lo vivido el mes pasado, no fue una pesadilla de nuestra guerra. Tampoco fueron crudas escenas de las barbaries del Estado Islámico, del drama de Hollywood o capítulos de un libro de Hitchcock.

Desgraciadamente, fue el resangramiento de una profunda herida que, durante 12 años, sufrimos en carne propia, y que aún no logramos sanar.
Decenas de policías caen en su deber, abandonando prematuramente, y sin sentido, a miles de seres queridos.

Las tanquetas volvieron a rodar en las calles de San Salvador; los guerrilleros, culpables de la actual hemorragia, imponen toques de queda; resurgen grupos de exterminio. 

Mucho se habla de tomar la justicia en nuestras manos. De que lo que necesitamos es la benemérita Guardia Nacional. De que algo tenemos que hacer, pero no hacemos nada.

A diferencia de la guerra anterior, ahora leemos sobre los acontecimientos en el momento en que suceden. Así nos enteramos de la granada urbana que explotó en un hotel; de unos policías nerviosos que soltaron la ráfaga en una blindada que se pasó llevando un cono; de que las chicas de Hooters se quedaron sin chamba, pues la franquicia cierra sus puertas por culpa de la extorsión.

Plática de cabecillas: “¿Si podemos imponer toques de queda, como que no vamos a parar las chuzonas? A seguir midiendo fuerzas con el gobierno; solo hay que hacer que las AK-47 manden al cementerio a unos cuantos buseros, no importa que el pueblo coma mier…coles de ceniza”.

Y nuestro ejemplar gabinete sin poder hacer nada. Es que se supone que los enemigos del populista son la oligarquía y la oposición, no un fenómeno social feroz que se infiltró en nuestra existencia, después de la firma de Chapultepec.

Este fenómeno distrae la atención de nuestro 2ndo gobierno populista, concentrado en profundizar la división entre hermanos; en mantenernos sumisos con cántaros de leche, semillas mejoradas y demás regalitos; en echarse flores con campañas mentirosas; en engordar sus activos a costillas del pueblo.

Monseñor Romero, desde su enorme pintura en Casa Presidencial, con frecuencia debe escuchar: “¿Y ahora qué hacemos?”.

“Ubíquense”, es la respuesta de su pueblo. ¡Queremos vivir en paz! Basta ya de imaginarse un monstruo de 100 cabezas que les quiere dar en la nuca. Concéntrense en abrir el chorro de la inversión, generadora de las oportunidades y empleos que tanto necesitamos.

A echar riata para que nuestro país recupere el terreno perdido, para que surjan las bellezas de la arquitectura y prospere la infraestructura.
¡Abran los ojos! Su utopía bolivariana ha fracasado. Ya a su patrón Maduro le andan diciendo chumpe, tanto por metida de pata tras metida de pata, como porque no llega a Navidad en el trono de Miraflores.

¡Ubíquense! A su pueblo ya no le dan gato por liebre. Su publicidad nos entra por un oído y nos sale por el otro. Los vimos tirados en el ring y el réferi contando “A la 1 a las 2”, y antes de a las 3, mejor empacan maletas, unos para La Habana y otros a exóticas capitales.

Cosa más grande la vida chico, antes ustedes eran los que detonaban granadas y paralizaban el transporte; tácticas guerrilleras que ahora copian los criminales con los que, el año pasado, fumaron una pipa de la paz chabeleada.

Cruzamos los dedos para que no copien sus ofensivas, ni secuestros ni detonación de postes, ni pulverización de puentes.

1985 debe quedar 30 años atrás. Pónganse a trabajar, no a perder tiempo disparando 21 cañonazos en honor a espías cubanos, y montando la obra de ficción Salvador Cumple. Nuestro país los necesita, dejen de viajar. Engaveten el manifiesto populista, y devuélvannos la paz. Por el amor de Dios, ¡Ubíquense!

*Colaborador de El Diario de Hoy.
calinalfaro@gmail.com