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Trump, ¿burbuja o realidad?

Para muchos, Trump es el radical que representa a la derecha, en un momento de desesperación nacional

Cuando Donald Trump anunció en junio pasado su intención de aspirar a la candidatura del Partido Republicano, se encontraba con una popularidad 24 puntos detrás de Hillary Clinton. Pocos pensaban que era la opción republicana para competir contra ella.

Pero a medida que avanzó el tiempo, a pesar de sus groseros y polémicos discursos, considerados “políticamente incorrectos”, gran sorpresa ha sido que desde mediados de julio, la distancia con Hillary se ha acortado a 16 puntos y al escribir estas líneas las encuestas reportan sólo un diferencial de 6 puntos.

A pesar de sus terribles polémicas, sus comentarios discriminatorios hacia los inmigrantes y las mujeres, el magnate sigue subiendo en las encuestas y se afianza en la lucha por la candidatura republicana. Muchos lo perciben como un “multimillonario que se divierte a lo grande”.

A resultas de sus comentarios altisonantes, varios medios de comunicación han tratado de destruir la imagen de Trump. Los periodistas que trataron de afectar su imagen se encuentran confundidos por su ascenso inexplicable en las encuestas.

Desde que Trump llegó a la escena política partidaria, casi nadie ha tenido el coraje de sostener su posición. Llegó criticando y señalando, sin tapujos, al status quo. Unos ven a Trump como gladiador político, luchador que subió al ring para realizar  cambios radicales, especialmente para la población blanca del ala más conservadora, que ha encontrado en él a un vocero que entiende sus frustraciones. Trump es show, con un discurso de choque para los estadounidenses de la clase trabajadora blanca empobrecida, especialmente blancos sin título universitario, el vivero con más adeptos.

Trump habla a los votantes que cuentan con poca o nula información, pero que reconocen su nombre al instante, muy por encima de otros candidatos republicanos. Su posición en las encuestas refleja una popularidad que se fortalece por su manera de penetrar y controlar el ciclo mediático, muy a pesar de sus acostumbrados  insultos, burlas y groserias.

Para muchos, Trump es el radical que representa a la derecha, en un momento de desesperación nacional. Trump es rico, más bien, súper rico, lo que significa que no se le puede comprar por otros intereses corporativos. 

La gran pregunta es: ¿Cuánto puede durar esta fascinación por Trump? Nadie lo puede predecir, ya que resulta ser una fascinación demasiado volátil ante lo que pueda pasar más adelante.

Indiscutiblemente, Trump realiza una campaña sin precedentes. Sin embargo, algunos  señalan que no es tan inusual. Afirman que similares oleadas han ocurrido con otros candidatos republicanos, como Pat Buchanan, Herman Caín, Rick Santorum y Newt Gingrich.

Hubo candidatos que lo hicieron bastante bien en las primarias de Iowa o New Hampshire. Incluso algunos ganaron, por ejemplo Pat Buchanan ganó New Hampshire en 1996, mientras que Mike Huckabee ganó Iowa en 2008, pero nunca  llegaron a ninguna parte, ni siquiera cerca de ganar la nominación republicana.

Al final de cuentas, el Partido Republicano será el que tomará las medidas requeridas para evitar a toda costa la nominación de Trump. Quien manda y decide es el partido político… y punto. El  Partido Republicano básicamente busca dos cosas en sus candidatos: la primera, es que sean fiables y predecibles; es decir, que se cuente con su persona para que, una vez en el cargo, la agenda republicana planeada se implemente; y segundo, ser elegibles; es decir, que puedan ganar en noviembre. 

De esas dos condiciones, nadie resulta ser peor que Trump. Personaje impopular entre los votantes independientes, que cuenta con un pasado político donde ha respaldado el derecho al aborto. Para el Partido Republicano, Trump representa  el peor de todos los mundos posibles.

* Colaborador de El Diario de Hoy.
resmahan@hotmail.com