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Tres realidades y un solo país

efinitivamente, en nuestro sufrido país todos los días pasa de todo, desde hechos delictivos y sangrientos, hasta casos repugnantes, actos indignantes, actitudes prepotentes y abusivas. En contraparte hay muchísimo qué admirar: gente trabajadora y honrada, mucha fe en Dios, familias unidas, personas bondadosas y generosas, jóvenes con principios y valores, organizaciones y empresas dedicadas a obras sociales. Y como si fueran enormes fantasmas, también hay mucho odio, mucha envidia, exceso de mala intención y demasiada maldad.

¿Cómo es posible que llegáramos a esto?

Todo empezó en la década de los 60, cuando viviendo en paz, en progreso, sin delincuencia y sin odio, la izquierda y los comunistas comenzaron a crear y a manipular sindicatos, a subvertir a los estudiantes y ha decirle el pueblo que "vivíamos mal, explotados y bajo gobiernos represivos que no daban libertades". Dijeron que la solución a ese "terrible problema" lo tenían ellos mismos y que convertirían a El Salvador en un paraíso en donde todos seríamos dueños de todo y el gobierno sería del pueblo (¿?). Así desataron una guerra que duró 12 años y que dejó al país en ruinas con miles de familias destruidas, con la economía quebrada, sin autoridades de seguridad, con un ejército "reformado" y con el FMLN convertido en partido político.

Ahora vivimos en una sociedad desfigurada: Arriba están los políticos comunistas, los izquierdistas, sus familiares, los protegidos, los fanáticos del partido, los cuelludos y los oportunistas serviles convertidos en una nueva oligarquía que viven como millonarios con todos los privilegios que da el poder y el dinero, con lujos y despilfarros que llegan hasta la ridiculez. Abajo a continuación, están los delincuentes, los narcotraficantes, los corruptos del gobierno y el crimen organizado, que se expanden y se desarrollan con asombrosa facilidad, con libertad de movimiento y control territorial imponiendo su mando abiertamente para cometer extorsiones, asaltos, asesinatos, violaciones y un acoso permanente a la niñez.

Finalmente, debajo de esos dos grupos, está la población trabajadora, los ciudadanos honrados, los pequeños comerciantes, los profesionales decentes, los maestros, los trabajadores del campo, en fin, todos los salvadoreños que conformamos la población económicamente activa que todos los días encomendamos a Dios a nuestras familias y salimos a trabajar con la única esperanza de regresar a casa sanos y salvos.

Este es el pueblo que vive la gran realidad del país y que sufre en carne propia la delincuencia, asaltos, extorsiones, falta de empleo, falta de atención médica y medicinas, problemas en el transporte público, la inseguridad de los hijos en las escuelas y el progresivo encarecimiento del costo de la vida.

Son tres grupos perfectamente definidos en nuestra sociedad: las minorías la constituyen el primero y el segundo, el tercer grupo que representa a la abrumadora mayoría, es el explotado, el amedrentado y sometido por los otros dos, por obra y gracia de los políticos que manejan al país. Nos guste o no nos guste, como sentenció el repudiable presidente anterior. Por eso, cuando vea o escuche una entrevista a un funcionario de gobierno, le oirá decir que ahora el país está mejor que nunca, sencillamente porque él está mejor que nunca. Esa es su realidad.

Si pudiéramos entrevistar a corruptos, narcotraficantes y pandilleros. También dirían lo mismo, porque viven bien, están bien y cada día están mejor. Y esa es su propia realidad.

Pero si pregunta o escucha la opinión de una persona del tercer grupo (al cual usted con toda seguridad pertenece), lo que responderá serán reclamos, reproches, desesperación y mucha indignación. Esa es la verdadera y triste realidad del pueblo. Esto debe ser de suma importancia para algunas universidades y empresas investigadoras de opinión, cuando establezcan de dónde y de quiénes obtendrán la información al momento de hacer los estudios de opinión ciudadana y sobre todo, esas rarísimas encuestas, que establecen la "popularidad" del presidente.

Existen tres realidades y un solo país. Por eso en El Salvador suele pasar de todo.

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