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Transparencia es justicia

Por primera vez el equipo a favor de la rendición de cuentas y la transparencia ha logrado anotar un gol en el partido, largamente dominado por el equipo a favor del secretismo, el compadrazgo y el chanchullo. La reciente resolución del Instituto de Acceso a la Información Pública condenando a lajunta directiva de la Asamblea Legislativa a una multa por no publicar la información solicitada por un ciudadano, es un enorme primer paso en un país donde la costumbre ha sido el secretismo.

La Ley de Acceso a la Información, que costó tanto esfuerzo a la sociedad civil, finalmente comienza a dar sus frutos. Está por verse si el Instituto, que en un inicio muchos criticamos porque nos parecía que "no tenía dientes", logra con esta acción establecer un precedente, demostrando que estará realmente del lado de la ciudadanía que exige transparencia.

Llama la atención la obstinación del presidente de la Asamblea Legislativa en no publicar la información completa sobre los asesores y sus sueldos. Para no pecar de alcanzativos y buscando evitar posibles demandas por difamación, ya que se han puesto tan de moda, nadie asume que el presidente de la Asamblea declaró confidencial esta información para esconder faltas a la ética. ¿Será que lo hizo por modestia, prudencia o discreción?

Tendrán por el momento, tanto el presidente de la Asamblea Legislativa como los directivos multados, que poner a un lado la modestia o cualquiera que sea el sentimiento noble que los impulsa a mantener cierta información como reservada, pues la petición de información pública no nace de la simple curiosidad o morbo ciudadano: nace de la sed de justicia. Justicia que exigimos los ciudadanos a quienes el gobierno no ha cumplido ni sus mínimas funciones de seguridad o servicios básicos y que merecemos saber cuál es el costo de oportunidad de aquello que no recibimos. Justicia con los votantes a quienes representan y que les delegamos el poder para que hicieran buen uso de la cosa pública. Justicia con esta ciudadanía, harta de que la regla general sea el mal uso de los recursos, el secretismo y el compadrazgo.

Quedan muchas cosas por transparentar en los tres órganos del Estado, pero esta resolución podría representar un hito en la lucha por un El Salvador más transparente. Se les ha abierto una gran oportunidad a los políticos con verdadera vocación a la gobernanza transparente, pues nunca antes ha sido tan fácil desmarcarse de los corruptos: el voto de la ciudadanía harta de la corrupción y la falta de rendición de cuentas será seguramente para quienes estén interesados en publicar lo que otros buscan esconder, oficiosamente y sin rechistar. La tecnología y el acceso creciente de la ciudadanía a las redes sociales les da una ventana que antes no tenían a los gobernantes con convicciones coherentes con la transparencia y el buen gobierno. Quedará por verse si estos gobernantes existen en el día a día, más allá de la temporada electoral.

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg