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Tragedia humanitaria se avecina en Siria

Las consecuencias de este ataque y el pasaporte, demuestran el despertar europeo del terror a la política de admisión de refugiados sirios por el Mediterráneo

Los recientes atentados en París son parte de un patrón a largo plazo de los ataques terroristas ejecutados por yihadistas contra objetivos en Europa. Estos actos se destacaron en el contexto europeo, por dos razones: en primer lugar, la escala del ataque era sustancialmente mayor que otros efectuados en los últimos años, tanto en el número de terroristas como el de víctimas. Segundo, la sofisticación y planificación; al movilizar armas y explosivos, con una operatividad en el terreno con tres equipos por lo menos; la identificación de objetivos y la manera en que debían ser atacados, lo que involucró logísticas complejas, inteligencia,  en coordinación y repliegue.

La mayoría de los ataques  detectados, se interrumpe antes de su ejecución por la actuación de los servicios de inteligencia europeos y estadounidenses, haciendo uso de comunicaciones interceptadas y otras herramientas sofisticadas, ya disponibles en el Primer Mundo. Pero, nadie detectó a estos grupos, lo que indica que, al menos sus líderes, usan contrainteligencia que neutraliza estas inteligencias y sus métodos, evadiéndolos como lobos solitarios. Estos ataques requieren coordinación en comunicación, movimientos y detección de controles, lo que significa un grado de entrenamiento de estas unidades que sólo podrían ser obtenidos a través de una organización terrorista sofisticada con amplios recursos, como el Estado Islámico (EI).

El ataque al centro de París era parte de un grupo de ataques terroristas estratégicos; incluyendo, el bombazo al avión ruso en Sharm el-Sheikh (que produjo más muertes que el ataque a París) y el atentado en Beirut, un día antes, con muchas más víctimas mortales. La planificación y organización de los ataques se realizó probablemente desde principios de octubre  de 2015.

Al observar  los días que rodean el 1 de octubre, hay dos cosas que llaman la atención: en primer lugar, los franceses comenzaron a bombardear objetivos en Siria el 27 de septiembre y los rusos el 30 de septiembre; pero el Estado Islámico no fue dañado; sin embargo, sus líderes estaban claros que diferentes fuerzas europeas se estaban uniendo en su contra. Necesitaron enviar un mensaje para demostrar a sus propias tropas que no iban a ser simplemente bombardeados sin respuesta, algo fundamental para levantar la moral. En segundo lugar, tenían que demostrar a Francia, Rusia, Estados Unidos y al resto del mundo, que los que deciden entrar en el juego dentro de Siria, no saldrán sin un alto costo. El Estado Islámico pretende demostrar que no teme a Rusia y Francia en la respuesta militar de alta tecnología.  EI ya se estaba movilizando en contra de estas potencias, con el objetivo de influir en la opinión pública francesa y rusa. 

La respuesta europea ha sido la rabia, pero los yihadistas han aprendido que ese enojo pronto se apaga en Occidente y también lo hace el poco apetito por la guerra. Las acciones se llevaron a cabo en un contexto europeo más amplio y demostraron su alcance, velocidad y letalidad. 
Se conoce que un pasaporte sirio fue encontrado en uno de los atacantes muertos. Las autoridades francesas aseguran que es falso. Es obvio que el organizador del ataque sabía que el pasaporte se encontraría. Una vez encontrado, las autoridades sospecharían que sería de alguien que se hizo pasar por refugiado. Se pudo haber tenido el cuidado de excluir a los refugiados o usar mejores medidas para ocultar identidades, pero quien organizó, no fue negligente y planeó las consecuencias de que un supuesto refugiado sirio estuviese involucrado. Las consecuencias son evidentes para cualquier europeo.

Las consecuencias de este ataque y el pasaporte, demuestran el despertar europeo del terror a la política de admisión de refugiados sirios por el Mediterráneo.

* Colaborador de El Diario de Hoy.
resmahan@hotmail.com