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La tortuga tricolor y la liebre colorada

Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quien era mejor. Para dirimir el argumento, decidieron realizar una carrera el primer domingo de febrero.

Ni lenta ni perezosa, la liebre contrató a su padrino venezolano de entrenador.

Lenta y perezosa, la tortuga se arrimó a un coach que andaba en otra onda.

"Al igual que en la tierra de Sandino, la clave para ganar está en engañar al mayor número de aficionados", le aseguró el chamo a la liebre.

"Veamos, si la victoria en Nicaragua nos costó 500 millones, vamos a invertir mil millones en El Salvador, pues está más cerca del imperio, y dicen que convencer a los cheros no va a ser tan chiche", agregó el coach extranjero.

Dicho y hecho. A rienda suelta, empezó a regalar zapatos, leche, becas, uniformes, semillas, computadoras, pelotas y un largo etc.; compró más de la mitad de las franjas publicitarias en radio, tele, vía pública, redes sociales. Sacó de la barranca a varias empresas y, aunque totalmente mentirosa, sus campañas, a favor de la liebre, dejaron de ser confortativas, lavando miles de cocos.

En el carril de la diestra, a la tortuga, mal asesorada por su chero, se le durmió el pájaro. Además, su discurso no le caló a la población, y estaba en clara desventaja frente a la chequera ilimitada de la liebre.

Inicia el año, termina la Lupe Reyes, y suben los ánimos de la afición. Esto, a pesar de que las apuestas indicaban que ni la tortuga tricolor, ni la liebre colorada, subirían al podio, culpa de otros tres competidores con mucho menos arrastre.

Después de analizar públicamente el photofinish, el árbitro Chicas anunció a la nación: "A pesar de que me gusta más la orejona, con mucha pena les cuento que la tortuga y la liebre, tendrán que verse las caras otra vex el segundo domingo de marzo. He dicho".

A seguir entrenando se ha dicho.

Aunque estaba segura de su victoria, la liebre exclamo "hueveta dijo Argueta" y, para que no se le enfriara la afición, le pidió más plata a su maduro padrino.

"Aquí va mi ahijada, sólo que ya no la tires a canastadas pues la vaina en Venezuela se me está poniendo peluda, y quién sabe hasta cuándo te podré alivianar".

Finalmente la tortuga se puso las Rayovac al concluir que, para ganar, se necesita borrar la hueva del cachimbo de guanacos que no salieron a hacerle barra en febrero, y la confusión de los que le hicieron barra a los otros tres.

Para ello, cambió a su coach, quien se vio envuelto en tamaño escándalo, por un equipo de expertos que le ayudó a proyectar una imagen más propositiva.

"Yo sé que a mis compatriotas les encanta correr", exclamó la tortuga, "por eso, de ganarle a la liebre, patrullaré las calles de madrugada para que ya no les hueveyen los tenis". "Al fiiiiinnnnn", gritó la afición.

A todo esto se dieron en Cuscatlinlandia, dos cortinas de humo ideales para campaña: Un mentado náufrago ahuachapaneco, que pasó dizque más de un año a la deriva, y un California que se hizo torta en el ahora redondel Masferrari.

La liebre recibe al náufrago con alfombra roja en Comalapa, y en el San Rafael pela los dientes, junto a él.

Se siente, se siente, mucha tensión en el ambiente.

Ya están llenos nuestros hoteles de observadores y periodistas quienes, además de disfrutar nuestras pupusas, nos visitan para la segunda vuelta entre la tortuga tricolor y la liebre colorada. Buxos caperuxos.

La liebre nos ha dejado claro que no respeta el fair play; la tortuga que está lista para darle con todo. El panorama esta de tú a tú…

Y tú, a quien le apuestas.

Yo a la tortuga.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

calinalfaro@gmail.com