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La tormenta perfecta

Alos problemas de nuestro país los resumiría en tres: La amenaza de un Estado omnipotente, la presión social y el divorcio de la clase profesional de la política y del servicio público. Su combinación se convierte en la tormenta perfecta.

Nuestra Constitución establece que somos una República con división de poderes y con alternancia en el Poder Ejecutivo. Artículos 85, 86 y 88. Eso significa que una sola fuerza política no controla todo y que no se queda para siempre. En cualquier parte del mundo el gobierno necesita un contrapeso, una oposición fuerte y constructiva que controle los excesos del poder. Cualquier embate a ello es una amenaza para la salud de nuestra democracia. Ayer, ahora y siempre.

La presión social de la clase media y de los estratos más bajos se debe a que la economía no crece y, además, a la ineficacia de nuestras políticas públicas. Uno de cada dos jóvenes no asiste al bachillerato. Así, ¿qué tipo de empleo y salario puede esperar la mitad de nuestra población? ¿A qué tipo de sociedad podemos aspirar? Se comenta que la edad de reclutamiento de las pandillas ha bajado a los 8 años. ¿Acaso existe mayor drama humano para nuestras familias salvadoreñas?

Tener una economía estancada y un gasto público inefectivo es como llenar una cubeta agujereada con el chorro goteando. Tardará horas en llenarse, para que más de la mitad del agua quede desperdiciada en el suelo. Y para que la gente termine peleándose por la cubeta. Nos urgen políticas públicas efectivas. Más resultados y menos retórica.

Y por último, el ambiente político se va enrareciendo y haciéndose hostil a los profesionales con convicciones, principios y capacidad. Nuestra Constitución lo exige 9 veces para 9 tipos de funcionarios públicos: que tengan capacidad y moralidad notoria. Corremos el riesgo de que la separación entre profesionales y partidos termine en divorcio definitivo. ¿Y quién nos rescata de las otras dos amenazas?

Necesitamos reconciliarnos. La política no puede cambiar de la noche a la mañana pero necesitamos acelerar el paso para recuperar la mística y desterrar la desfachatez. Y a los jóvenes profesionales nos conviene seguir el consejo del Papa Francisco en nuestra aspiración de transformar el mundo. Un mundo que nos parece estancado, obsoleto, injusto y patas arriba. En el que si no cambia todo, no sirve nada. Y así, la tarea parece titánica.

Nos dice Francisco que el tiempo, es superior al espacio. Y nos explica: "Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios. (…) Se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos en la sociedad e involucran a otras personas y grupos que las desarrollarán, hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos históricos. Nada de ansiedad, pero sí convicciones claras y tenacidad". (Evangelii Gaudium, 223).

¿Cuál de los tres retos es el prioritario? Los tres. El sistema democrático, republicano y representativo se defiende con principios, ideas y con oportunidades para la gente. Y las oportunidades se crean con servidores públicos con capacidad que ayuden a crecer la economía, a construir armonía social y a desterrar la insolente corrupción en el país.

Somos un país emprendedor y famoso por su laboriosidad. Así nos reconocen en la región. Vaya combinación más prometedora. Estamos fallando en organizarnos como sociedad, nada que no tenga solución. Rehabilitar la política nos sacará adelante. Es lo que le toca a nuestra generación. Yo, ya me anoté. Para atrás, ni para agarrar impulso.

*Economista.

@jpfontan