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De la tolerancia

El 11 de enero de 2015 será recordado como un día histórico para Francia, y para el mundo. Un millón y medio de personas marcharon en París. En otras ciudades hubo asimismo multitudinarias concentraciones, calculándose en cerca de cuatro millones los que salieron a la calle a manifestarse. Ha sido la demostración de apoyo más grande en la historia francesa, y sólo puede compararse con la de 1944 cuando se celebró el desalojo de los nazis de París durante la Segunda Guerra Mundial. La marcha fue una reacción al ataque terrorista a la revista Charlie Hebdo en el que fueron masacrados ocho periodistas y varios agentes policiales.

La cifra de los manifestantes en Francia, ya histórica, resultaría pequeña si se tomara en cuenta a todas las personas en el planeta que sin estar allí acompañaron en espíritu al pueblo francés. Porque es una cruzada de todos los que reconocen la libertad como un bien supremo. Es una contra la intolerancia y en pro del derecho de todo ser humano de poder expresar lo que piensa.

A la ya reconocida consigna de "Yo soy Charlie" se agregaron otras muy significativas. "Todos somos franceses", decían algunas pancartas portadas por grupos de diferentes nacionalidades; "Todos somos policías", decían personas civiles. Incluso una mujer musulmana portaba un letrero que decía "Yo soy judía". Y personas de diferentes países, religiones y creencias caminaron entrelazando los brazos.

Definitivamente una gran lección para el mundo. Una lección que nos indica que la tolerancia debe prevalecer sobre el odio. La libertad de expresión es una manifestación de tolerancia y uno de los pilares de la democracia. El asesinato de los periodistas no fue el de unos creyentes defendiendo su fe (pues no le han hecho más que daño) sino de unos fanáticos que no toleran a los que les critican, que se creen portadores de la verdad absoluta y que ven con desprecio a los que no piensan o creen en lo mismo que ellos.

El derecho a poder expresar libremente lo que se piensa es un logro de la civilización. Indica el valor que damos a las ideas sobre cualquier otra fuerza y el progreso que hemos alcanzado como individuos y como sociedad.

Es fácil aceptar lo que otros expresan si concuerda con nuestras creencias o estilos de vida. Eso no requiere ningún don especial. Lo difícil es tolerar las ideas que no compartimos, las que nos disgustan, la crítica. Para eso se necesita coraje, control emocional, valor, y eso no todos lo tienen. Si creemos firmemente en algo debemos defenderlo, pero las ideas contrarias deben refutarse con ideas, sin violencia y sin esconderse.

No todos los que marcharon en Francia o manifestaron su respaldo a los periodistas asesinados simpatizaban con su trabajo. Puede que muchos en algún momento se sintieron tocados por lo que publicaron. Charlie Hebdo es después de todo una revista satírica, crítica e iconoclasta. Sin embargo, en lo que todos estaban de acuerdo era en que tenían el derecho a expresar lo que pensaban y que la libertad de expresión es un bien común, que es importante y que siempre se debe defender.

La intolerancia campea por doquier. La marcha en Francia no cambiará la actitud de los fanáticos, pero ha infundido valor a los que creen en la libertad. Es simbólico que haya sido un francés el que dijo: "No comparto tu opinión pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarla".

*Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.