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Todos los días es 8 de marzo

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Todos los días es 8 de marzo

Hay varias desventajas en asignar "días internacionales de". Empezando porque en poco avanza la ecología o la tierra con que un puñado de miembros de la burocracia internacional declaren su "día", también está el hecho de que hay más causas que días y que bueno, al obtener la misma deferencia que el árbol, los bosques y el idioma inglés (que también tienen día internacional) se devalúan cosas tan importantes como la desigualdad de género, causa a la que decidió dedicársele el 8 de marzo, mal llamándole el "Día Internacional de la Mujer".

El 8 de marzo reciente me negué, a propósito, a escribir sobre la desigualdad de género. No porque las elecciones en El Salvador estuvieran robándose todo el espacio en todas las columnas de opinión, sino porque es un tema tan importante que merece ser discutido todos los días y no sólo los 8 de marzo.

La igualdad de género no es sólo un tema que concierne a los derechos humanos: tiene sentido también desde el punto de vista económico. Latino América es una de las regiones en las que se concentra de forma más aguda la discriminación y violencia de género, superada sólo por ciertas áreas africanas y medio orientales. Lo anterior se vuelve una triste ironía si se piensa que mucho del desarrollo económico disfrutado en épocas recientes se debe a la incorporación de más de 70 millones de mujeres a la fuerza laboral. Con sólo los ingresos recibidos por este influjo de capital humano, se redujo la pobreza extrema en un 30% en el espacio de dos décadas, según estadísticas del Banco Mundial.

Sin embargo, a pesar de los avances, persiste la desigualdad salarial entre hombres y mujeres. Según data del 2012, en Latino América las mujeres ganan en promedio un 17% menos que los hombres: lo anterior se traduce en que por cada dólar que ganan los hombres en Latino América, en promedio las mujeres ganan 83 centavos. Lo que vuelve más complicada la desigualdad salarial es que no necesariamente es producto directo de discriminaciones en el lugar de trabajo, cosa que impiden muchas Constituciones.

Es producto de la complicada mezcla de desigualdad de oportunidades en educación --menos niñas terminan la educación secundaria en muchos casos por la alta tasa de natalidad en adolescentes-- y del hecho de que las mujeres consistentemente escogen carreras y profesiones en el área de servicio en las que en promedio, se gana menos que en otras más pobladas por hombres.

También en juego se encuentra otra desigualdad más complicada y más difícil de resolver a nivel de políticas públicas: la desigualdad de ambición. Varios estudios indican que mujeres con igualdad de capacidades intelectuales que sus colegas masculinos no se animan a perseguir nuevos grados académicos, postular a posiciones mejor remuneradas, exigir aumentos salariales e incluso, a postularse como candidatas a cargos públicos porque las expectativas que tienen de sí mismas son menores que las de sus pares masculinos.

Estas complicadas combinaciones que resultan en una calidad de vida reducida para una mitad de la población sólo por el hecho de ser mujeres sólo podrán resolverse a través de la responsabilidad que cada quien tome: los hombres estando conscientes de su privilegio y extendiendo la mano en un tema que les concierne también por ser de derechos humanos, y las mujeres en empujar para que estos temas incómodos se hablen siempre y no sólo los 8 de marzo.

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg