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Todo queda en familia

Más que la suerte que puedan correr sus incautos parientes, lo que le urge a Maduro es atornillarse en el poder. Por lo pronto, advierte que hay que “prepararse para todos los escenarios y ganar el 6 de diciembre”

Un nuevo escándalo salpica al gobierno de Nicolás Maduro a menos de tres semanas de las elecciones parlamentarias. Y en esta ocasión las graves acusaciones se centran en el círculo más próximo al gobernante venezolano.

Resulta que la semana pasada, un ahijado de Maduro, Efraín Campos Flores, y un sobrino, Francisco Flores de Freites, fueron arrestados en Haití cuando presuntamente pretendían transportar 800 kilos de cocaína a Estados Unidos. Al parecer, los dos hombres creían estar negociando con narcotraficantes que, en realidad, eran informantes de la Administración para el control de drogas de Estados Unidos. En Puerto Príncipe las autoridades locales los entregaron a agentes de la DEA y fueron trasladados a Nueva York, donde permanecen encarcelados tras comparecer ante una corte federal, acusados de “conspiración” para introducir cocaína en territorio estadounidense.

Mientras el juez les negaba fianza a sus parientes, Maduro, acompañado de su esposa, Cilia Flores, se encontraba en Ginebra. Ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el mandatario venezolano aseguró que “la patria seguirá su camino”. En ningún momento hizo alusión al caso de los sobrinos de la Primera Dama, apegados a ella desde niños.

Maduro se atrinchera en las soflamas revolucionarias que, en su día, impuso el desaparecido Hugo Chávez, pero ahora la sombra del “narcoestado” que se cierne sobre el chavismo se extiende a lo que ya muchos venezolanos se refieren como la “narcofamilia”. 

Bajo Chávez surgieron las sospechas de que la maltrecha revolución bolivariana se financiaba con dinero proveniente del narcotráfico. Y tras su muerte la DEA incrementó el cerco, con pruebas de que las fuerzas armadas dirigen los carteles de la droga. El propio Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, podría estar al frente del poderoso cartel de los Soles. 

Como suele suceder con los regímenes corruptos, el chavismo vive del clientelismo político y de colocar a sus allegados en puestos clave para enriquecerse y ejercer el control. La propia esposa de Maduro tiene mucho poder. Cuando Cilia Flores ostentaba el cargo que hoy tiene Cabello, llegó a colocar a numerosos familiares en distintos puestos. El nepotismo de la Primera Dama favoreció a sus sobrinos, los cuales, si son hallados culpables, podrían ser condenados a cadena perpetua.

Al parecer hay vídeos que incriminan a los dos hombres, quienes supuestamente tenían intención de trasladar el cargamento de cocaína vía Honduras y México. Según fuentes de la DEA, se comportaron como “aficionados” y no como experimentados capos de la droga. Cuando fueron sorprendidos, estos dos cachorros del chavismo pretendieron ampararse en pasaportes diplomáticos que no les garantizaban inmunidad alguna.

Queda por probar que Efraín Campos Flores y Francisco Flores de Freites son responsables de un delito de narcotráfico. Entretanto, el consulado venezolano en Nueva York atiende sus requerimientos legales y Cabello asegura que el presidente “está siendo atacado por todos lados”. Es la pantomima habitual de un gobierno que, según todos los indicios, ha derivado en millonario crimen organizado. 

Más que la suerte que puedan correr sus incautos parientes, lo que le urge a Maduro es atornillarse en el poder. Por lo pronto, advierte que hay que “prepararse para todos los escenarios y ganar el 6 de diciembre”. Es evidente que su lema es “la familia unida jamás será vencida”. Los chavistas saben que hay mucho en juego. 

*Twitter: @ginamontaner.