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No todo lo que brilla es oro

A mi abuelita le encantaba hablar con dichos, quizá porque ellos recogen de una forma sencilla enseñanzas muy profundas. Viendo y escuchando la todavía no oficial campaña electoral, no sé por qué se me vino a la mente este dicho popular: "No todo lo que brilla es oro". Tengo la impresión de que algunos de los candidatos confían demasiado en el poder de la palabra. Lastimosamente, a las palabras se las lleva el viento, y por si mismas no son capaces de mejorar la dura realidad en que vivimos los salvadoreños.

Al escuchar sus discursos me queda claro que los políticos conocen al menos un poco la problemática que nos aqueja a todos, lo que me resulta inaceptable es que inviertan tanto dinero en anunciar todo lo "medio logrado", en lugar de priorizar y actuar para darles respuesta. Como comunicadora, sé que los hechos hablan más que mil palabras. Así que si lo quisieran, atendiendo y resolviendo los problemas podrían hacer verdaderamente el bien, y las personas beneficiadas se encargarían de elogiar y divulgar su trabajo, y no viceversa como sucede: se elogian a si mismos por lo que "dicen que hacen", dando la impresión de que se sienten --y algunos hasta se autodenominan-- "agentes de cambio".

Pero me pregunto, ¿qué es verdaderamente un agente de cambio? Un agente de cambio es alguien que rompe con esquemas equivocados con el objeto de mejorar una situación, haciendo el bien. Personalmente lo que veo en la carrera política de muchos no tiene nada qué ver con este concepto. El populismo existe desde hace mucho tiempo, y consiste precisamente en prometer y dar a las personas necesitadas el mínimo necesario con el ánimo de que estén contentas y conformes para seguirles dando el voto que les ayude a perpetuarse en el poder. Mientras tanto, los nuevos oligarcas despilfarran el dinero del pueblo distribuyéndose salarios onerosos, construyéndose mansiones lujosísimas, viajando por el mundo en "misiones oficiales"…

No hablo de ideología, ni de izquierda ni de derecha, sino de calidad humana. Una persona que se rige, aunque sea mínimamente, por valores y principios es incapaz de aprovecharse de una posición de poder que le han confiado los electores, y en caso de equivocarse, es capaz de reconocer su error y rectificar. En nuestro país pareciera que se ha perdido el miedo a la ley y la justicia, se ha perdido incluso la vergüenza de que se conozcan públicamente estas andadas.

Los salvadoreños hemos olvidado que somos nosotros, a través de nuestro voto, quienes elegimos a los gobernantes que tendrán a su cargo el rumbo del país. Da la impresión de que aún no hemos caído en la cuenta de lo caro que nos sale a todos esas medidas que suenan a poesía, pero que poco a poco van cavando nuestra propia tumba.

Ya es hora de que los salvadoreños, jóvenes y adultos unidos, dejemos de ser tan ingenuos ¡no todo lo que brilla es oro! Ocupémonos en descubrir si verdaderamente las cosas son como nos las hacen parecer. Detengámonos a conocer realmente a los candidatos que intentarán llegar a las alcaldías y a la Asamblea Legislativa en las próximas elecciones. Fijémonos en lo verdaderamente importante: ¿en qué creen? ¿De acuerdo a qué principios viven? ¿De qué nos habla su historia? ¿Por qué le interesa ocupar un cargo público?

Ojalá que en los próximos meses no nos dejemos engañar, pues no por mucho decir o prometer algo se hace realidad... eso sólo se logra con verdadero espíritu de servir a los demás, auténtico compromiso y mucho trabajo.

*Colaboradora de El Diario de Hoy.

@MonicaPacas