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Tocando la puerta equivocada

Al llamarla Puerta del Diablo, es como si le dijéramos a Dios que no aceptamos la manera en que Él ha creado la naturaleza de esas dos elevadas rocas, que le vamos a enmendar la plana

La Puerta del Diablo: Enclavada en el cerro El Chulo, a un kilómetro del Parque Balboa, en Los Planes de Rencores, dos elevadas rocas que forman una especie de arco, sirven como escenario a la mal llamada Puerta del Diablo, uno de los lugares más visitados por los salvadoreños, del cual se han escrito y registrado mitos y leyendas.

  Lo cierto es que las dos grandes rocas salientes del abismo y que cortan la montaña  sirven de marco para deleitarnos con un hermoso paisaje. Sin embargo, no es el nombre que debe llevar. El Salvador no puede tener PUERTAS DEL DIABLO, menos siendo su Patrono El Divino Salvador del Mundo. 

  En las personas que han estado muy envueltas en el ocultismo hay una puerta para Satanás mismo. Esta puerta bien profunda la mantiene abierta un demonio de muy alto rango que se autotitula “hijo de Satanás” y le permite entrar adonde le inviten y actuar a como se le antoje. Algo así puede ocurrir con un país que abre una puerta al diablo.

   “Las prácticas que abren las puertas al demonio”, fue el tema de la última de tres conferencias pronunciadas por el P. Rogelio Alcántara, director de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Arquidiócesis de México, con el objetivo de orientar y aclarar a los fieles todo tipo de dudas sobre la existencia, acechanzas y actuación del demonio. 

    Al referirse a las maneras en que las personas pueden abrir las puertas al demonio, explicó que una de ellas es cuando se dejan arrastrar por deseos desordenados y tratan de alcanzarlos con actos inmorales, llegando a corromperse moralmente para obtener dinero, crecimiento patrimonial, poder o placer, sin importar que hagan trampa, pisotear a otros y cometer cualquier clase de deshonestidad para lograrlo, incluso asesinar, como lo estamos viviendo a diario, es decir, “me dejo vencer por los enemigos del alma, me atrapa el pecado y valoro más lo de este mundo que la salvación eterna”. 

   Por eso no debe extrañar que, como contraste a la riqueza turística de ese lugar, tenga su lado oscuro con tanta maldad y muerte en esa misma puerta y sus alrededores. Al llamarla Puerta del Diablo, es como si le dijéramos a Dios que no aceptamos la manera en que él ha creado la naturaleza de esas dos elevadas rocas, que le vamos a enmendar la plana, y eso es un pecado grave. Además de ser una invitación al demonio, para que nos aleje de Dios y ocurra un derramamiento de sangre como el  que estamos sufriendo. Por ignorancia, por falta de fe, de esperanza o por desesperación, se pueden abrir las puertas al demonio. De igual forma, se da entrada al maligno cuando nos dejamos arrastrar por cualquier tentación donde el protagonista es el demonio y sus obras; esa puerta de alguna manera lo invita a ser protagonista en nuestro país, en nuestra historia. En conclusión, mi apoyo y compromiso con el movimiento que busca no tocar más esa puerta equivocada, aunque pueda ser por ignorancia, mito o por una leyenda, porque el demonio nunca dirá, “a estos los voy a respetar, pobrecitos, no sabían en lo que se metían”. Los demonios son los seres más irrespetuosos que puedan existir. Una vez abierta la puerta, el demonio actuará de modo ordinario: debilitando la vida espiritual de relación con Dios para que deje de rezar, de frecuentar los sacramentos. Podrá actuar también de modo extraordinario, induciendo a todo un pueblo a tantas desgracias como las que están ocurriendo, y ciertamente no queremos en nuestro EL SALVADOR. En el nombre de Jesús, cerremos esa puerta y abramos una que nos dé paso a la fe, a la esperanza y sobre todo, a la Paz. 

*Colaborador de El Diario de Hoy.