Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Titanes en El Ring

Este periódico abrió hace unos días un nuevo espacio de discusión llamado #ElRingDeHoy. Ante una pregunta se presentan dos posiciones totalmente contrapuestas; una a favor y otra en contra con sus argumentos respectivos. Por ejemplo, en la primera edición se preguntó si la Sala de lo Constitucional actual se ha extralimitado en sus fallos, mientras que la segunda entrega tratará sobre si debe legalizarse el matrimonio entre personas del mismo sexo. El Ring tiene el potencial de convertirse en una cancha de batalla pero sin violencia, solo con argumentos; sin descalificaciones, solo con respeto; sin insultos, solo con ideas. En otras palabras, en El Ring puede ocurrir lo que no sucede entre los políticos salvadoreños, un debate serio.

El Salvador ha atravesado casi cuatro años de campaña electoral. Desde 2011, como año preelectoral, hasta 2015, la agenda fue copada por dirigentes partidarios quienes, en su gran mayoría, aseguran su salario público a costa de la polarización. Mientras otros países de América Latina presentan una tradición visible de debates a todo nivel, incluso entre candidatos presidenciales, la competencia electoral salvadoreña presenta una dinámica opuesta: o no existen debates, o existen foros disfrazados de "debate" --sin oportunidad de réplicas ni de intervenciones de terceros-- o existen debates que consisten en ataques bajos y burdos. Dos muestras claras: los monólogos presidenciales en 2014 y las peleas televisivas entre los candidatos a la alcaldía de San Salvador en 2015. Y peor aún es que en ambos casos, luego de resultar electos, los políticos continúan rehusándose al debate serio.

Por una parte, el Presidente de la República ha responsabilizado a los medios de comunicación e incluso a la Sala de lo Constitucional de los niveles de violencia. Por otra parte, en la alcaldía de San Salvador, el candidato perdedor decidió retirarse del concejo municipal por "motivos personales" sin mayor explicación, en clara desatención al servicio público y al mandato popular de representar a sus votantes al auditar al gobierno local. Mientras, el candidato ganador responde con ofensas cada vez que se le cuestiona, con toda legitimidad y sensatez, sobre el nombramiento de familiares en su equipo, además de sus vínculos con personas dedicadas a la difamación en Internet. Como bien señaló en una entrevista reciente el director de Medicina Legal, la violencia del país se refleja incluso en una clase política agresiva e intolerante. De allí que los participantes de El Ring, en distancia a estas prácticas tan deplorables, sean precursores de una tarea titánica en un país con tales características, la tarea del debate serio.

Nuestra generación tiene las herramientas para transformar el país. Se trata de una generación que no ha escuchado balas, pero que tampoco ha escuchado ideas en la arena política. Sí lo ha hecho en el salón de clase; de hecho, se trata también de la generación más educada y probablemente por esa formación es que la realidad le parece aún más indignante. Si bien es cierto estas páginas han sido testigos del debate entre columnistas en distintos temas, no hay precedentes de un espacio como El Ring en los medios de comunicación salvadoreños. Bienvenido #ElRingDeHoy, bienvenido debate serio.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

@Guillermo_MC_