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Tiro de gracia al Campo de Marte

Desde principio del siglo pasado el Campo de Marte no solamente era un lugar donde se practicaban los deportes (fútbol, basquetbol, béisbol, tenis, atletismo, ciclismo, aerobismo, etc.) también un paseo donde los capitalinos buscaban solaz y esparcimiento. La impresionante arboleda regalaba a los visitantes aire fresco y sombra que invitaban al descanso y meditación. El paseo formaba parte de una importante y distinguida zona residencial, donde abundaban los arriates cultivados con plantas y árboles ornamentales como palmeras que engalanaban las calles.

Se realizaban con frecuencia actividades culturales, educativas, castrenses, artísticas, gubernamentales y municipales. La tradicional feria de las fiestas agostinas se instalaba en la explanada; las famosas "ruedas", que no eran tan caras y sofisticadas como las de ahora, se colocaban al centro y en los alrededores las carpas de los circos, juegos de azar como el chingolingo, loterías de maíz (Los que dejaban de jugar y se retiraban tenían por costumbre lanzar el maíz sobre el enlaminado del techo haciendo un ruido peculiar), comedores, refresquerías, chalets, puestos de panes con pavo, yuca con chicharrón, tostadas, algodón de azúcar, churros y variedad de dulces.

Todavía por 1948 algunas vendedoras colocaban sobre el suelo grandes redes de duraznos que vendían al detalle a los visitantes.

En septiembre de 1945 se celebró en ese lugar la finalización de la Segunda Guerra Mundial, tras la rendición primero de Alemania y después del Japón; hubo una parada militar, números artísticos y discursos alusivos con la presencia de miembros del cuerpo diplomático y funcionarios del gobierno. Por los años cincuenta era el lugar predilecto de los estudiantes y particulares que aprendían andar en bicicleta, lo hacían sobre la calle pavimentada perimetral. Las instalaciones para practicar el tenis reunían un nutrido grupo de jóvenes, adultos experimentados y profesionales en ocasión de certámenes internacionales. Las tardes basquetboleras fueron legendarias, comenzaban al mediodía y finalizaban cuando se ocultaba el sol, esta "canchita" un tanto descuidada fue la cuna de varias luminarias del deporte de las canastas, que después brillaron en torneos nacionales e internacionales.

Con el paso de las décadas dejó de llamarse Campo de Marte y se convirtió en Parque Infantil de Diversiones, se construyeron un miniferrocarril, numerosas áreas de juegos y lugares de descanso. Después vinieron otros cambios como la construcción de algunas áreas precedidas por la tala de numerosos árboles, se colocó una valla o cerca en el perímetro y se cerró el imponente acceso del costado oriente.

La construcción de la Alameda Juan Pablo II, que dicho sea de paso nada tiene de "Alameda", hirió de muerte lo que quedaba del Campo de Marte, de la noche a la mañana se intensificó a niveles nunca vistos el tráfico vehicular y la zona se inundó con ruido, humo, mugre, contaminación e inseguridad, a grado tal que los moradores de la zona salieron huyendo para trasladarse a barrios más aseados, decentes, seguros y tranquilos. Contribuyeron con la destrucción del minipulmón de la ciudad la invasión de negocios de toda índole, empresas y establecimientos comerciales.

El tiro de gracia lo han dado los trabajos que se realizan para la puesta en marcha del SITRAMSS; ni modo, la guadaña de la "modernización a la salvadoreña" acabó para siempre con el Campo de Marte.

*Dr. en Medicina. Colaborador de El Diario de Hoy.