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En tiempos de estrés

Uno de los elementos que se asocian más a la vida moderna es el estrés. Es tan prevalente que se podría pensar que es parte natural de la existencia, y en efecto lo es. La vida, desde cierta perspectiva, implica una constante resolución de problemas. El punto es hacer que el estrés, que ineludiblemente experimentamos, actúe a nuestro favor, o al menos que no actúe en nuestra contra.

La palabra estrés es tan común que se ha vuelto parte del léxico cotidiano. La utilizamos con tanta frecuencia que ha perdido su connotación precisa. Intentaremos explorar su significado científico, conocer su naturaleza y recomendar acciones para amortiguarlo.

La noción estrés significa tensión o carga. Es, pues, una carga que se impone al individuo en variadas circunstancias, y que debe sobrellevarse de la forma más adaptativa posible. El origen puede ser una situación particularmente difícil, o la suma de pequeñas dificultades que, unidas, provocan tensión emocional. El estrés produce una respuesta fisiológica, mediada por neurotransmisores y hormonas, que tiene por objetivo prepararnos para enfrentar situaciones detectadas como difíciles, complicadas o peligrosas. La ansiedad, la hipervigilancia, el aumento de la presión arterial y el pulso, son parte de esta respuesta, que pueden ser desagradables pero nos permiten estar listos.

El estrés, aunque muchas veces se percibe como algo negativo, es parte de nuestros mecanismos de protección. No podríamos sobrevivir sin estrés, sucumbiríamos sin remedio, simplemente porque no habría nada que nos preocupara o detuviera ante los riesgos. Nos adentráramos al mar sin ninguna precaución o acariciaríamos una serpiente sin el menor cuidado.

Cierta dosis de estrés es necesaria, pues nos permite sobrevivir e incluso mejora nuestra efectividad para resolver problemas. Hace algún tiempo un científico llamado Selye hizo un estudio en el que comparó el nivel de estrés con el desempeño. Comprobó que aumentando el nivel de estrés mejoraba asimismo el desempeño. Y eso lo vemos en la vida cotidiana. ¿O no recuerda usted que cuando se acercaba el día de los exámenes su memoria mejoraba? O piense por un momento qué atletas rinden más, los que se preparan para las Olimpiadas o los que sólo se ejercitan como pasatiempo. Pero Selye descubrió algo más, que cuando el estrés era excesivo el rendimiento disminuía. Y también afectaba la salud. Observó, pues, que existe un nivel óptimo de estrés, que mejora el rendimiento sin causar daño.

El excesivo estrés puede ser nocivo. Muchas enfermedades son causadas o agravadas por éste. Problemas psiquiátricos, enfermedades cardiovasculares, digestivas, de la piel. Mencione usted cualquier enfermedad y no existe ninguna que no pueda ser afectada por esta reacción universal.

Entonces, lo que conviene es evitar el estrés excesivo. Pero esto es más fácil decirlo que conseguirlo. La vida implica estrés como antes dijimos, es inevitable. ¿Qué hacer? Existen recomendaciones para disminuir el estrés. Algunas funcionarán para unos, otras para otros. Se sabe, por ejemplo, que el ejercicio es una excelente forma de bajar el estrés. Cuando es constante y se viene haciendo por un tiempo produce endorfinas, que en términos sencillos son tranquilizantes naturales. Pero hay otros igualmente efectivos, entre ellos están saber delegar responsabilidades, tener un hobby, aprender a decir No, y administrar bien el tiempo. También es útil tener un gurú, una persona en quien confiemos y de quien apreciemos su sabiduría, para contarle nuestras preocupaciones o pedir consejo. Pruebe algunas de estar recomendaciones, puede hacer la diferencia.

*Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.