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El tiempo lo dirá, Señor Presidente

on muchas las personas que dudan si el nuevo presidente con su discurso y sus primeras acciones que denotan un estilo conciliador y de diálogo marcará un nuevo estilo de liderazgo político y un futuro buen gobierno, o si, como decimos, sólo está "tapándole el ojo al macho" para generar una cortina de humo que entretenga a la oposición política y sectores vivos del país mientras parte de su círculo de poder avanza en la consecución de sus proyectos.

De todos es conocida la fortaleza del partido de gobierno en el seguimiento disciplinado de su estrategia de largo plazo en la cual han mostrado que no tienen prisa, pero sí tienen claro su objetivo. Pronto se verá si el presidente tiene liderazgo sobre su agenda de país y sobre su gabinete o solamente es una pieza dentro del ajedrez. Lo que sí está claro es que un hombre como Salvador Sánchez Cerén, con la edad y experiencia que los años le otorgan, tiene la oportunidad de conciliar a todos los sectores políticos, económicos y sociales del país. Algo que cualquier político con visión de estadista quisiera aprovechar.

Después de más de un año de campaña con muchas promesas, el líder de la izquierda tuvo un resultado favorable con una diferencia mínima. Hoy tiene cinco años para mostrar si posee la capacidad de sacar adelante al país del tremendo desastre en que lo dejó su polémico antecesor. En sus manos tiene el deber de mostrar con decisiones valientes que puede romper el molde de la ineptitud cortoplacista, el populismo demagógico y el clientelismo político.

Una de las primeras pruebas es la reforma fiscal que tiene entre manos, algo que no puede ser impuesto cuando a todas luces no es una solución al problema financiero que tiene El Salvador. La economía del país necesita crecer, dinamizarse, ser incentivada por medio de inversiones locales y extranjeras. Requiere la eliminación de trámites gubernamentales engorrosos, un nivel aceptable de seguridad ciudadana y reglas claras que permitan al motor empresarial del país trabajar con enfoque haciendo lo que mejor sabe hacer: producir, generar empleo y desarrollo.

No es válido el argumento de buscar justicia social con más impuestos cuando el gobierno no puede administrar sus ingresos, cuando gasta más de lo que recibe, cuando no hay señales de austeridad, cuando algunos funcionarios hacen gala de lujos con recursos de los contribuyentes. Los impuestos, tal como se han venido manejando, generan inflación y reducen la capacidad adquisitiva de las todas las familias. La brecha social de una nación se disminuye con más empleo, con inversiones y con productividad. El gobierno tiene un rol subsidiario importante, pero debe hacerlo con responsabilidad y acorde a la realidad nacional para poder continuar con esa función social.

La gestión presidencial está iniciando y por el bien del país lo mejor que podría pasar es que esta administración tenga al menos una mediana capacidad de gobernar con eficiencia y pragmatismo ideológico. La economía, la inseguridad y la falta de empleo no deben tener color político. Si el presidente logra pasar de las primeras palabras a las acciones concretas, podría dar inicio a una nueva etapa donde con la integración de los actores claves consolide un mejor país para todos. Esto sería el inicio del camino al progreso. Ojalá que sea así, el tiempo lo dirá señor presidente.

*Colaborador de El Diario de Hoy.S