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¿Tendremos la valentía?

Llegó la hora de demostrar qué es ser diferentes. A pesar de todas las ineptitudes que salieron a la luz en estas elecciones, prácticamente el proceso ha terminado. La primera fuerza del país es ARENA en términos de alcaldes y diputados. Le debería corresponder la presidencia de la Asamblea, así como le correspondió al FMLN la presidencia del país al sacar más votos el año pasado. De eso se trata la democracia. Sin embargo, más importante es el perfil de la persona que debe ocupar ese puesto y las reglas del juego que entre todos los diputados electos debemos aprobar. He sugerido que incluso puede ser bueno renunciar a la pretensión de la presidencia.

¿A qué le quiere apostar el FMLN? Puede intentar, seguramente con éxito, continuar gobernando por medio del transfuguismo, del maletín negro, de dádivas, de componendas, de acuerdos bajo de la mesa. Puede intentar promover con o sin la venia del Presidente Sánchez Cerén la compra de voluntades. ¿Y cuánto les va a durar? Con esta estrategia de enfrentamiento y polarización, el país se seguirá hundiendo y la pobreza aumentará. Así no tenemos futuro.

¿Creen que habrá voluntad política para los acuerdos que requieran mayoría calificada si lo que le han recetado a la oposición es simple aritmética legislativa? La mancuerna FMLN-GANA puede seguir tomando decisiones por 43 votos, en especial por los claros intereses de algunos diputados de derecha de otros partidos. ¿Pero tendrá así futuro el país? Yo los invito a que construyamos un país de primera para todos.

Debemos comenzar con un liderazgo nuevo en la Asamblea Legislativa, que refleje precisamente lo que pide el reglamento interior en términos de pluralidad y proporcionalidad. Ya basta de tomar decisiones a conveniencia promoviendo la corrupción y la impunidad. Los ciudadanos esperan que tengamos la capacidad moral y política para poner los intereses del país de primero. ¿Queremos construir democracia y gobernabilidad? Comencemos con las estructuras de liderazgo de la Asamblea.

Aprovecho que el día de ayer se celebraron los 35 años del martirio de monseñor Romero para sugerir que su llamado hubiera sido precisamente para construir un país entre todos, fortalecer la democracia y atender las necesidades más urgentes de los pobres. En su homilía del 20 de noviembre de 1977, dijo: "El diálogo no se debe caracterizar por ir a defender lo que uno lleva. El diálogo se caracteriza por la pobreza: ir pobre para encontrar entre los dos la verdad, la solución. Si las dos partes de un conflicto van a defender sus posiciones, solamente saldrán como han entrado".

Y hablando de las organizaciones de izquierda recalcó en su homilía del 16 de diciembre de 1979 que quería "mantener mi autonomía para criticar todos sus abusos de organización, para denunciar todo aquello que ya signifique una idolatría de organización, y llamarlos, en cambio, a un diálogo en el que busquemos entre todos. Las fuerzas organizadas son poderosas en una sociedad y lo pueden todo cuando son capaces de dialogar. Pero también disminuyen las fuerzas cuando son fanáticas y no quieren más que su propia voz".

¿Qué vamos a hacer entonces? El o la presidente de la Asamblea debe ser una persona que promueva precisamente este diálogo. Ya estamos hartos de imposiciones, micrófonos apagados y madrugones. El país necesita un proceso concertador y efectivo en la gestión pública. Ya no queremos cuentas oscuras, asesores innombrables, despilfarros. Los ciudadanos exigen un ente colegiado con transparencia y diligencia.

Y así con los mejores hombres y mujeres de la Asamblea comenzaremos a construir una historia nueva para el país. Estas elecciones han sido un retroceso por no haber entendido que la Constitución está sobre el Código Electoral. Sin embargo, El Salvador puede salir fortalecido si los diputados electos tenemos la valentía de tomar decisiones bajo otros criterios: el bien común, la gobernabilidad, la decencia, la verdad. Ojalá lo logremos.

*Colaborador de El Diario de Hoy.