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Tendemos a la polarización

Tendemos a polarizar, incluyéndome. Los de izquierda, los de derecha; los buenos, los malos; los ricos, los pobres; los educados, los ignorantes; los viejos, los jóvenes; los empresarios, los obreros; los hombres, las mujeres... Y lo hacemos a tal grado, que hemos olvidado lo más importante ¡que todos somos salvadoreños!

Generar división ha llegado a ser un hábito tan generalizado que ya lo vemos como algo natural. Y luego nos preguntamos ¿por qué no podemos construir un proyecto de país? Lo grande se construye con lo pequeño. Cada palabra, gesto, expresión o acción que nos separa de nuestros hermanos salvadoreños, contribuye a generar más división y caos en nuestra sociedad.

La situación empeora cuando consideramos que este es el discurso al que estamos exponiendo a las nuevas generaciones: "hay que luchar contra", "debemos vencerlos". ¿Somos conscientes de la semilla que estamos sembrando? Pensemos en lo que cosecharemos en su momento. Si al final todos somos parte del mismo país, o todos ganamos o todos perdemos.

Hablando con unos jóvenes me decían que el problema era que "los mayores" no entendían lo que necesita el país, lo que quiere la juventud. Una señora muy pobrecita nos contaba que participó en una excursión a la Colonia Escalón, organizada por un partido político, pues les querían enseñar cómo viven "los ricos". En las campañas políticas se ha manejado el discurso de "ustedes los malos" y "nosotros los buenos". Se le hace creer a la mujer que la única forma de hacerse respetar es degradando "al hombre". Y así podría seguir enumerando un sinfín de ejemplos.

Nos guste o no, en la actualidad la desintegración es parte de nuestra sociedad: matrimonios destruidos, familias peleadas entre si, amistades rotas, empleados desleales, jefes déspotas, vecinos enemistados, entre otros.

¿Por qué nos empeñamos en tirar hacia distintas direcciones? ¿No sabemos que cuando jalamos una pita por ambos extremos no se llega a ningún lado y la pita se termina rompiendo por el extremo más débil y lastimando a todos?

Gracias a Dios está por terminar la campaña electoral, que lejos de despertar el deseo de construir juntos un mejor El Salvador, ha profundizado la división en nuestra sociedad. Y entre los salvadoreños ya se escucha la temida pregunta: "¿Y si gana el otro?"

Por eso no puedo quedarme callada viendo cómo nos destruimos. Es hora de reflexionar verdaderamente y de aprender de nuestros errores. ¡Despertemos de una vez! "El otro" no es un extraño, es nuestro compatriota. Ya sea que gane quien representaba nuestros ideales de país o no, démosle la oportunidad de gobernar y exijámosle ser un verdadero servidor público.

Mientras los gobernantes lleguen al poder con el objetivo de destruir lo que su antecesor ha logrado, no llegaremos a ninguna parte. ¿Qué pasaría si un jardinero trabaja unos años cultivando un jardín de rosas y cuando finalmente estas plantas están comenzando a pegarse y van a dar fruto, llega uno nuevo y decide que esas flores no sirven porque no huelen, o porque tienen espinas, y se pone a arrancarlas y a sembrar otras? Y al poco tiempo llega otro y hace lo mismo. ¡Jamás podríamos disfrutar de las flores del jardín! Sólo gozaremos de un jardín bello y rico cuando a quienes se les confíe la administración del mismo, sepan cuidar y mantener lo construido, y sembrar nuevas iniciativas donde hagan falta para mejorar el conjunto.

¡Tenemos tanto en común! Nacimos en el mismo país, hablamos el mismo idioma, compartimos costumbres y tradiciones, nos gusta la misma comida, creemos en Dios, queremos construir un mejor país para todos. ¡Son más cosas las que nos unen!

Si, tendemos a la polarización. Pero si nos lo proponemos ¡podemos trabajar para generar unión! Comencemos ahora.

*Colaboradora de El Diario de Hoy.

@MonicaPacas