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Teléfono descompuesto

¿Quién no recuerda, aunque sea vagamente, el juego de infancia que algunos conocimos como "teléfono descompuesto"? Entre sus encantos podemos incluir la facilidad con la que podía organizarse, pues solo hacían falta un par de jugadores con imaginación y las ganas de entretenerse. Consistía en que el primer jugador inventaba un mensaje y lo susurraba al oído del siguiente jugador, que haría lo mismo con el próximo en la fila, y así sucesivamente. Al final, inevitablemente, el mensaje terminaba siendo totalmente distinto después de la manipulación de todos los jugadores y es esto lo que inspiraba el nombre del juego: que el último mensaje, por su distorsión, era parecido al que habría resultado de comunicarse con un aparato telefónico averiado.

Este viaje nostálgico a los recuerdos de este juego de la infancia lo inspiraron las noticias de esta semana sobre los mensajes contradictorios entre el Ministerio de Economía y Casa Presidencial. Y es que no hay que pecar de mal pensados. Antes de acusar a alguien de falta de estrategia comunicacional, por buena fe deberíamos de asumir que la incómoda situación resultante de que el anuncio del Ministerio de Economía de que se focalizaría el subsidio del gas fuera seguido por una orden del Presidente indicando lo contrario, es producto simplemente de que los funcionarios, tanto de Casa Presidencial como del Ministerio, se encuentran jugando el torneo más caro de teléfono descompuesto en la historia.

Es la única manera de explicar por qué, después de que el organismo competente anunciara que se harían recortes dentro del padrón de beneficiarios en base a estudios que demuestran que algunos pueden perfectamente pagar el precio de mercado del cilindro de gas, saliera un representante de Casa Presidencial diciendo que, en base a ningún estudio, el subsidio al gas se mantenía.

Esta conjetura, de que nuestros gobernantes son aficionados a jugar teléfono descompuesto, sirve para explicar no solo la más reciente contradicción en comunicaciones de dos instituciones que en teoría tienen una relación jerárquica vertical, sino también otras instancias que podrían habernos generado confusión a nosotros, la ingenua población. Ejemplos para coleccionar son las declaraciones del Ministerio de Salud de que, debido a la crisis del ébola, El Salvador tenía intenciones de enviar ayuda humanitaria a África. El mensaje original, que se debe haber confundido después de un intenso partido de teléfono descompuesto, era sin duda que la atención de los recursos enfocados a la salud se dispondrían de manera prioritaria para combatir el chikunguña que está cobrando tantas víctimas en El Salvador. Por suerte, la ministra Menjívar suspendió por un momento el juego para comunicar que el contingente humanitario ya no será enviado.

Algunos de nosotros preferimos de vez en cuando engañarnos, buscando este tipo de explicaciones absurdas a las metidas de pata que siguen surgiendo consistentemente de nuestros gobernantes, a nivel centralizado y local. Pensar siempre que la explicación sea en verdad interés político, cálculo electoral, corrupción, o simple y llana incompetencia, solo nos quitaría a todos las esperanzas de que algún día sacaremos el país adelante.

*Lic. en Derecho con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg