Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

También el 28 de marzo es crucial

Después de los comicios presidenciales, legislativos y municipales a que acudimos cada cierto tiempo para escoger a nuestras autoridades, las elecciones que más deberían interesaros a los ciudadanos, por su incidencia en el fortalecimiento democrático, son las que definen a quienes pueden optar a los cargos de magistrados de la Corte Suprema de Justicia y miembros del Consejo Nacional de la Judicatura. Sin temor a exagerar, me atrevería a decir que este evento electoral sectorial, por tantos años inadvertido por quienes no somos abogados, está hoy agenciándose una atención pública digna de su importancia. Cada vez existe mayor conciencia sobre el rol fundamental del órgano judicial en la defensa de nuestros derechos y libertades individuales.

Hace algunos años, cuando ciertas inercias antidemocráticas sacaban provecho de la indiferencia ciudadana, las planillas de abogados que llegaban a la Asamblea Legislativa como aspirantes a cargos en el Poder Judicial eran resultado de procesos electorales defectuosos y políticamente contaminados. El actual presidente del CNJ, para no ir más lejos, un abierto simpatizante del FMLN, jamás habría llegado a tan alta posición de no habérselo permitido, entre otras cosas, la tradicional apatía de los abogados para elegir representantes de su gremio que gozaran de independencia, moralidad notoria, impecable trayectoria y aptitudes probadas.

Así, ante la displicencia de los profesionales del derecho, muchos que podían haber lanzado sus candidaturas para elevar la calidad de las planillas y, eventualmente, incidir desde sus magistraturas en el mejoramiento del sistema judicial, terminaban renunciando al verse incapaces de enfrentar maquinarias proselitistas ligadas a partidos políticos u otros grupos de interés. En consecuencia, sin una robusta legitimidad gremial, las listas de elegibles que evaluaban los diputados incluían candidatos cuestionados o de muy dudosas credenciales, varios de los cuales ocuparon puestos en las diversas salas de la Corte Suprema o en el CNJ sin el más mínimo merecimiento.

Pero no hay mal que dure cien años ni gremio que lo tolere. O al menos eso parecieran querer demostrar los abogados salvadoreños comprometidos en serio con el país, esos que este próximo 28 de marzo acudirán a las urnas para elegir a quince de los treinta candidatos con que debe renovarse un tercio de la CSJ. Ahora son muchos los profesionales del derecho que han comprendido la crucial contribución que estos comicios sectoriales pueden hacer a nuestra democracia, por lo que al resto de la sociedad nos compete motivarles a cumplir esta obligación cívica y a pedirles que la ejerzan con criterio, perspicacia y una genuina ambición por llevar personas decentes y competentes a las magistraturas en disputa.

Ya llegará el momento, por supuesto, de exigirle a la nueva Asamblea Legislativa, la que abrirá sesiones en mayo, que esté a la altura de sus responsabilidades constitucionales y seleccione a los mejores candidatos para la Corte y el Consejo. Pero para que esto sea posible, lo primero que debe ocurrir es que las planillas que reciban los señores diputados agrupen a los abogados con las calificaciones morales, académicas y profesionales que gocen de mayor reconocimiento entre sus colegas.

Ya el Dr. Luis Mario Rodríguez, en una oportuna columna, ha descrito qué perfiles resultarían decididamente contrarios a esta línea de mejoramiento que tanto necesita el sector justicia en El Salvador. Me sumo a sus sabias advertencias agregando que los hombres y mujeres de leyes también deben reivindicar que el proceso de elección de este sábado, facilitado por la Federación de Asociaciones de Abogados de El Salvador, FEDAES, sea llevado adelante con transparencia y eficacia, en una tesitura muy diferente a la que en estas semanas le vimos desplegar a nuestro tristemente célebre Tribunal Supremo Electoral.

Si, en efecto, la conciencia del gremio de profesionales del derecho ha despertado por fin, serán candidatos de lujo los que estarán a las puertas de integrar un órgano judicial cada vez más digno de nuestras aspiraciones democráticas. Y esa sería una excelente noticia para iniciar Semana Santa.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.