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El súper de hoy

El súper de hoy es un termómetro de la salud de nuestra economía. Simple: si sus estantes están llenos de productos, sus parqueos de carros, y sus pasillos de gente, la señora economía tiene cachetes rosados

Había una vez que, cada dos años, en estos días, se celebraba la Feria Internacional, muy esperada por sus novedades.

Novedades industriales, expuestas en los pabellones de países amigos; novedades gastronómicas, en restaurantes que se hacían los bigotes por la permanente visita de clientes; y novedades en guilindujes y productos enlatados, empaquetados y embotellados, disponibles solo en los bazares de la Feria.

Los papás estaban a cargo de aperar el bar para el intenso consumo navideño. Las mamás de conseguir las bocas y los ingredientes para que el pavo quedara de chuparse los dedos. Los cipotes de suplicar por las delicias favoritas de cada quien. “¡Chicle Bazooka, Raisin Bran y Tutti Frutti, por fa!”.

En aquel entonces, nuestro Súper Selectos contaba con pocas sucursales; recuerdo las de El Salvador del Mundo y Santa Emilia, surtidas con lo básico, sin las novedades enlatadas, empaquetadas y embotelladas que ofrecía la Feria.

Pero no todo se compraba en el Selectos. Los granos básicos también estaban disponibles en las tiendas del IRA (el difunto Instituto Regulador de Abastecimientos). Las frutas y verduras en los mercados. Los supercitos, o más bien, tiendas de barrio, sacaban de apuros.

Estalló la guerra y, durante doce años, la oferta se comprimió, y un mercado negro de productos procedentes de Guate y USA floreció.

Nueve años después de firmado el Compromiso de Chapultepec, nuestro presidente decide dolarizar y, así, la economía estimular.

El boom económico termina de conectar el triángulo Santa Tecla-San Salvador-Antiguo Cuscatlán, con vastos complejos residenciales. Florece todo tipo de comercios, centros comerciales, invasión de comida rápida, y bien planificados supermercados.

El Santa Emilia sigue ahí, pero también vamos al de la bandera, al del Paseo, al coloso de Santa Elena, e íbamos al que se quemó en Las Cascadas.

Con el súper de hoy, los bazares de la Feria se quedan chiquitos: cervezas alemanas, pastas italianas, sushi de Japón, salsas mexicanas, turrones españoles, vinos de todo el mundo, vodka ruso, polaco o finlandés, Bazooka, Raisin Bran y Tutti Frutti de los “yunai”.

¿Para qué ir al mercado si en el súper hay frutas y verduras de Chalate y Guate, manzanas de Washington y uvas de Chile? 

Tampoco es necesario ir al súper de hoy pues, gracias a la conveniencia del punto com, nuestras compras llegan a casa como por arte de magia.

Un modelo de negocio que, además de estimular la publicidad, el comercio y el constante desarrollo de alimentos y bebidas, alborota nuestra saliva.

¡Ummm, qué deliciosa variedad de yogures 100% naturales, con probióticos, albaricoques al fondo, fresa arriba, tanto griegos, como sonsonatecos..!

¿Ya vieron la sección de cafés? ¡Dan ganas de probarlos todos!

Que creativos han estado los de Kellog’s, Salud y Pozuelo. ¡Delicias de cereales, lácteos y galletas!

Y para los que hemos agarrado llave por comer sano, el súper de hoy nos ofrece opciones sin grasas trans, ni gluten, bajas en sodio y calorías, altas en fibra y proteína, libres de GMO, etc. 

¿Qué las chirilicas están escasas? ¡A aprovechar las ofertas que tapizan nuestros periódicos se ha dicho! Además, no dejemos de degustar sabores nuevos, quien quita el otro jugo sea más barato y más rico que el de siempre.

El súper de hoy es un termómetro de la salud de nuestra economía. Simple: si sus estantes están llenos de productos, sus parqueos de carros y sus pasillos de gente, la señora Economía tiene cachetes rosados.

Por el contrario, las fotos de los anaqueles vacíos y las largas colas, en Caracas, indican que la mayoría de venezolanos se la está viendo a palitos, ya no digamos los cubanos.

¿Habrá alguna vez que nuestros súper vayan a estar así?

¡Ni quiera Dios!


*Colaborador de El Diario de Hoy.
calinalfaro@gmail.com