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Star Wars: ¿El despertar del feminismo?

El problema es que el feminismo se ha malentendido como una ideología en la que hay que creer en lugar de entender o practicar

Tenemos que hablar de la última entrega de Star Wars. No importa si llegó tarde y solamente vio la primera trilogía hace un par de meses para enterarse por qué causaba tanto revuelo el hecho de que JJ Abrahams le estuviera dando nueva vida a una de las historias mejores contadas en la historia moderna. Es irrelevante si ha sido un fanático fiel desde que George Lucas estrenó el episodio IV en los 70’s. Cualquiera que sea su situación, es difícil debatir el hecho de que en la última película de la saga, “El despertar de la fuerza”, uno de los personajes mejores escritos es el de Rey, la enigmática heroína con especiales aptitudes para controlar la fuerza. El solo hecho que la película sea una introducción de lo que será su historia (del mismo modo que la trilogía original lo es para Luke Skywalker) sienta un excelente precedente para las niñas de estas generaciones.

Cualquiera podría cuestionar la relevancia de que la cultura pop promueva personajes femeninos fuertes, complejos y con más relevancia que ser un elemento en la narrativa (como ser rescatadas o intereses románticos). Sin embargo, aún nos encontramos en un mundo en el que los conceptos se manipulan y confunden hasta privarlos absolutamente de significado. Un ejemplo básico de lo anterior es el concepto de feminismo. Si bien cualquier ser humano con una noción básica de lo que significa dignidad humana admite que la igualdad de todos los seres humanos con independencia del género debería de ser un valor al que habríamos de aspirar, menos personas se encuentran cómodas afirmando estar a favor del feminismo. Y es que ser feminista no es más que entender por qué los derechos, oportunidades y ventajas no deberían de depender de algo tan accesorio como el género.
 
El problema es que el feminismo se ha malentendido como una ideología en la que hay que creer en lugar de entender o practicar. Al pintarla como una cuestión de fe ciega, sus opositores han amarrado, como la carreta detrás de los bueyes, una serie de manifiestos y requisitos que poco tienen que ver con la noción de igualdad o con el principio de auto-propiedad que implica en su definición más básica el feminismo. Y la deformación (intencional o por ignorancia) del concepto lleva a que se identifiquen como propias del feminismo actitudes de personas actuando a título personal. Nadie en su sano juicio se opondría a la medicina simplemente en base a la mala caligrafía de quienes la ejercen, pero con gran agilidad muchos tienden a condenar al inofensivo feminismo – que no pretende disminuir a nadie, sino levantarnos a todos – porque gente que han arbitrariamente conectado con lo que mal interpretan como feminismo actúa de maneras que desaprueban.

Esto importa, y mucho, sobre todo en países donde el género aún es una variable que impacta en ramas como la educación, el acceso a la salud y la fuerza laboral. Y culpar única y exclusivamente a la discriminación por estas diferencias en acceso a las oportunidades demostraría simplismo y deshonestidad intelectual. También afectan las expectativas que la sociedad pone sobre las mujeres, en que se tiende a exigir injustamente que sea la mujer la que cargue con la mayoría de sacrificios laboralmente a favor de lo doméstico. Y también afectan las decisiones que basadas en prejuicios, una niña tome en base a lo que ve o escucha a su alrededor, pensando equivocadamente que ser niña de alguna manera limita su futuro.

Y por eso es relevante que las futuras generaciones entiendan desde el principio que su género no debería limitar sus aspiraciones, y que como Rey, pueden ser heroínas y pilotar su propio Millenium Falcon con independencia de su género. Y las oportunidades en algo se parecen a la mítica fuerza de Star Wars: ciegas al género, disponibles para favorecer a quienes saben que pueden alcanzarlas. El problema es que si muchas de nuestras niñas no lo saben, ni siquiera lo intentarán. 
 


*Lic. en derecho de ESEN con maestría 
en Políticas Públicas de Georgetown 
University. Columnista de El Diario de Hoy.
@crislopezg