Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

No soy abortista porque soy cristiana… porque soy defensora de los derechos humanos

stoy de acuerdo con la opinión de la estimable columnista de El Diario de Hoy, licenciada Julia Regina de Cardenal, con su petición "a los diputados que por favor no tomen a la ligera la decisión de quién representará los derechos humanos de los salvadoreños." Sin embargo, lamento mucho que tan distinguida lideresa de nuestro país, haya mencionado tan "a la ligera" mi nombre --y mi cargo de Defensora de los Derechos Humanos de la Mujer y la Familia-- con "activistas pro-aborto internacionales", con el consecuente objetivo de descalificarme social y profesionalmente.

Ante ese hecho de desahucio, no puedo menos que reafirmar --igualmente de manera pública, y por el derecho de respuesta que me asiste--, que soy y seguiré siendo una fiel defensora del derecho a la vida y a la dignidad humana desde el momento de la concepción, no sólo por mi formación profesional como activista de los derechos humanos, sino --y sobre todo--, por mis convicciones cristianas, la mejor herencia familiar que pude haber recibido. El derecho a la vida es y seguirá siendo el derecho fundamental, y en ese punto, yo no encuentro ninguna discrepancia con usted, estimada Julia Regina.

El caso de Karina --que usted menciona--, es un asunto que se aparta diametralmente, según mi punto de vista, de lo que usted identifica como "campañas a favor de la industria del aborto". Este fue el caso de una mujer, condenada a 30 años de cárcel por nuestro sistema judicial, acusada de asesinar a su pequeña hija. En este caso particular, el objetivo no era la "despenalización" del aborto, sino, "la revisión judicial" de las pruebas que llevaron a la condena de Karina, habiéndose encontrado --con el aporte científico de forenses extranjeros--, que la justicia salvadoreña se había equivocado en las conclusiones que determinaron dicha condena. Por eso quedó libre después de 7 años 8 meses de estar privada de libertad, y eso no constituye ninguna apología del aborto.

Usted y yo sabemos, estimada Julia Regina, que la "justicia humana" es imperfecta, por ello, es nuestro deber contribuir para que cada vez se cometan menos errores judiciales, combatiendo de este modo la impunidad --que tanto afecta a nuestro país--. Sin embargo, nuestra sed de justicia no se apagará mediante la condena de algunas personas que son verdaderamente inocentes del crimen que se les imputa.

En lo personal, me afecta tanto como a usted la cobarde destrucción de vidas inocentes, mediante la nefasta práctica del aborto, en cualquiera de sus manifestaciones. En la doctrina de la Iglesia Católica, se considera factible el "aborto indirecto", es decir, aquel que sucede sin la voluntad intencionada de la madre, o de cualquiera que llegare a provocarlo. Hace algunos años, yo viví en carne propia un aborto espontáneo de este tipo, y tanto mi esposo y mi familia como las personas que me conocen, saben el trauma emocional que dicha situación produjo en mi vida. Por eso no puedo quedarme callada, cuando se me enmarca en un movimiento internacional, que no encaja en mis principios humanos y cristianos.

*Procuradora Adjunta para la Defensa de los Derechos de la Mujer.