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¿Se solucionan los problemas tirándoles dinero?

Como sociedad, estamos enfrentándonos a la sed de dominio de grupos criminales motivados por el dinero y el control territorial

Hay problemas de problemas. Pueda ser que algunos –los más simples- se solucionen con dinero, pero es claro que otros se resistan a una solución tan burda como esa. La seguridad nacional claramente es uno de ellos: no se soluciona simplemente poniendo a disposición de las autoridades cantidades importantes –o incluso, ilimitadas- de dinero. La seguridad de un país obedece a situaciones mucho más complejas que un simple tema de recursos. 

Si contar con recursos importantes o ilimitados fuera suficiente para brindar seguridad a una nación, eventos como el atentado a las Torres Gemelas, en Nueva York, el ocurrido en el bus de transporte público en Londres o el del Teatro Dubrovka en Moscú, entre otros, simplemente no hubieran ocurrido ya que los Gobiernos de los países en que dichos atentados ocurrieron, cuentan con importantes presupuestos para la defensa nacional, así como para la seguridad interna, sin contar con impresionantes aparatos de espionaje nacional e internacional.

Si bien es cierto que los Estados deben de contar con suficientes y razonables recursos para brindar seguridad a sus ciudadanos, los cuales deben asimismo ser manejados con absoluta transparencia, sería ridículo y miope reducir el tema de la seguridad a una mera discusión de dígitos presupuestarios. 

El concepto de seguridad simplemente ha cambiado y ahora los Gobiernos más que solo pretender contar con recursos, efectivos y armas, necesitan desarrollar una adecuada comprensión respecto a como los grupos criminales, terroristas y extremistas de toda guisa, han modificado sus procedimientos para, precisamente,  adaptar la seguridad ciudadana a un combate efectivo respecto a los mismos. Naciones como Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania e Israel han optado por analizar sobre cómo responder adecuadamente a sus enemigos, más que continuar “tirándole dinero al problema de la seguridad”.

Así las cosas, no se debe perder de vista la realidad del problema al que nos enfrentamos: ya no estamos frente a grupos irregulares motivados por una ideología, sino que como sociedad, estamos enfrentándonos a la sed de dominio de grupos criminales motivados por el dinero y el control territorial. Tales grupos han evolucionado hasta pasar de ser una mera pandilla juvenil que operaba en zonas marginales, a convertirse en una verdadera amenaza al Estado y pueden, dándose las condiciones adecuadas, llegarlo a tomar o hacerlo caer, que para efectos prácticos significa lo mismo. 

Los “zetas” en México y las maras criminales en Centroamérica han llegado a tener una importancia que ya no se puede soslayar en términos de influencia social y control territorial. Hoy, el monopolio de la seguridad y violencia como control de la soberanía interna y externa, ha sido arrebatado al Estado y se ha desintegrado en múltiples niveles. Resulta innegable que el Gobierno de El Salvador ha perdido el control de grandes partes de su territorio, las cuales son utilizadas por grupos armados como bases para actividades que apoyan y defiendes lucrativas empresas criminales que en algunos casos son incluso transfronterizas. La situación antes indicada es conocida pero no comprendida por las autoridades, las cuales, debido a su falta de acción decidida y a su clara ineficiencia para manejar el problema, provocan que cada día que pasa los criminales adquieran más y mayor control territorial, debilitando la autoridad del Estado y socavando la moral de la policía, militares y jueces, que son los llamados a combatir a esa plaga.

En estos días se discute sobre la posibilidad de decretar una “contribución especial para seguridad” que brindaría mayores recursos al Estado para destinarlos a seguridad, la cual se busca no obstante que el Gobierno de El Salvador ya cuenta con suficientes recursos para destinar a la seguridad ciudadana en términos de recaudación tributaria y créditos internacionales; no se debe perder de vista que según el PNUD El Salvador es uno de los países que más gasta en seguridad, 10.8% del PIB, si con tal cantidad de dinero no se ven resultados, ¿qué nos asegura que aumentando el gasto realmente se mejorará la seguridad?

Como sociedad civil dudamos que la seguridad ciudadana sea de esos problemas que se resuelven “tirándole dinero encima”. Mayores recursos económicos para el Estado, sin una adecuada comprensión del problema y sin una estrategia de seguridad definida, consensuada y eficaz, únicamente servirá para aumentar el gasto sin generar resultados, es como cuando un perro se persigue la cola: un esfuerzo inútil que no brindará ningún resultado en términos de mejora a la seguridad ciudadana. 

Pueda ser que el partido de gobierno y sus partidos satélites aprueben el nuevo impuesto, pero todo apunta a que si seguimos así, la sociedad salvadoreña no solo continuará poniendo el dinero, también seguiremos poniendo los muertos. 
 

*Abogado, Master en Leyes.