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¿Solución global a la crisis hospitalaria?

Ya es hora de descongestionar los hospitales de San Salvador y de las grandes ciudades del interior de la República, me refiero a implementar una solución de fondo aplicable a los problemas actuales como para los futuros treinta años. Si bien existen varias opciones, me inclino por crear seis nuevos nosocomios especializados, de nivel III, de máxima complejidad en su ramo que, de acuerdo con el perfil epidemiológico prevalente pueden ser los siguientes: Hospital Nacional de Trauma, Hospital Nacional de Oncología, Hospital Nacional Cardiovascular, Hospital Nacional de Enfermedades Renales, Hospital Nacional de Neurociencias (Neurología, Neurocirugía, Psiquiatría y Psicología) y Hospital Nacional de Geriatría.

No tienen que ser de 500 camas o más como los de antaño sino seguir la tendencia moderna de hospitales compactos de no más de 60 camas censables, dotados de una gran dinámica con un fortalecido manejo ambulatorio para disminuir el uso de las camas hospitalarias, naturalmente con enfoques modernos en el diagnóstico, tratamiento, rehabilitación y control. El objetivo principal es descongestionar los centros hospitalarios del gran San Salvador y cabeceras departamentales para que éstos puedan dedicarse en un cien por ciento a cumplir con las tareas que les corresponden de acuerdo con el sistema estratificado de niveles de atención. Es técnicamente deseable que se hagan inversiones cuantiosas para mantener sana a la población pero también es ideal que el que se enferma se atienda en la mejor forma posible, desafortunadamente, aquí en El Salvador, no se hace bien ni lo uno ni lo otro. Prácticamente ya nos acostumbramos a que los políticos fijen su atención en la enfermedad y no en la salud y, a menudo, sus prioridades las enfocan más hacia la obra visible y no a solucionar los problemas de fondo.

Con seguridad el poder decisorio dirá que no hay recursos económicos aunque si los hay para el Sitramss, el hoyo de El Chaparral y los llamados programas sociales que no solucionan nada. Con la mitad de lo gastado en los proyectos anteriores se podrían construir los seis centros asistenciales antes mencionados dentro de un plan maestro de desarrollo gradual y progresivo de la infraestructura hospitalaria.

Para completar los beneficios que traerían a la población habría que replantear la división geográfica del país desde el punto de vista sanitario porque los tiempos han cambiado, lo mismo las coberturas y zonas de influencia de los nosocomios existentes, prueba de ello es que las demandas sobrepasan con creces la oferta de servicios en todos los anteriores sin excepción. Nuestros hospitales sobreviven gracias a los esfuerzos heroicos de los médicos y enfermeras que los operan y a los múltiples remiendos, parches e improvisaciones que están a la orden del día.

Habría que poner a la altura de las circunstancias el modelo de atención en boga desde hace más de medio siglo, menos burocracia y, sobre todo, "menos vino nuevo en odres viejos", hacer mucho con lo poco que se dispone, incorporar la creatividad y la mentalidad innovadora apuntando siempre a la eficiencia, la calidad de la atención y la humanización.

Es indispensable revisar, analizar y evaluar el funcionamiento de la red de nosocomios existentes en el territorio nacional y de conformidad con los hallazgos, formular un programa de modernización que podría desarrollarse en los próximos cinco años.

*Doctor en Medicina.

Colaborador de El Diario de Hoy.