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Solidaridad obligatoria

A partir del dos de mayo le damos más dinero al Estado, pues entró en vigencia el pago del Fondo de Atención para Víctimas de Accidentes de Tránsito (FONAT). Es decir, que el Ejecutivo contará cada año con cuarenta y dos millones de dólares más en efectivo, con un destino --en teoría--, muy concreto: proporcionar ayuda económica directa a las víctimas de los accidentes de tránsito.

En estos días me he acordado de un texto que leí en la parte posterior de un pick up en la carretera. Era una frase digna de un analista económico, con sabrosa sabiduría popular. Decía: "todo el mundo quiere vivir mantenido por el Estado. Pero no se dan cuenta de que es el Estado el que vive mantenido por todos nosotros". Precisamente por eso, porque al final se trata de la administración de nuestro dinero, no podemos desentendernos de cómo se utilizarán los fondos.

Según se ha explicado, menos de la tercera parte del total de lo recaudado (casi doce millones y medio de dólares) se destinará específicamente a cubrir los gastos que implican subvencionar a las víctimas, mortales o no, de los accidentes. El resto no se utilizará de manera directa para ese propósito, sino que se desglosa de la siguiente manera: diez millones para reposición de autobuses obsoletos, cerca de tres millones para señalización y educación vial, casi quince millones para el Ministerio de Salud, como suplemento a su presupuesto. Al final, las cuentas no cuadran, y flotan por allí unos tres millones anuales cuyo destino no está del todo claro.

Si a eso se añade que varios analistas consideran que los números están sobredimensionados; que ya existe presupuesto para planes concretos de señalización vial y prevención de accidentes, y también para la actividad ordinaria del Ministerio de Salud (entre la que está la atención de heridos por percances viales); si además consideramos, que los particulares seguiremos subvencionando empresarios de transporte incapaces de mantener en buen estado mecánico todas las unidades que operan: todo sumado, termina uno con la sensación de que hay que ponerle atención al FONAT.

Por otra parte, cuando se contemplan accidentes como los ocurridos estas semanas, salta a la vista la urgencia de poder contar con un sistema de ayuda a las víctimas. Pues, por los motivos que sean, la condición de la gran mayoría de nuestra gente es tal, que ante los percances y accidentes viales se encuentran desamparados.

Entonces, ¿seguro obligatorio o FONAT? FONAT: obligatorio, administrado por el gobierno, y con posibles problemas de transparencia en su manejo.

Porque: si los números no cuadran, si la distribución de fondos propuesta choca con el sentido común, si permanece la sensación de que estamos subvencionando la irresponsabilidad de transportistas y conductores temerarios, y alimentando un Estado voraz y poco responsable en lo que al dinero se refiere… algo tendríamos que hacer.

Hay dos caminos: o entregamos un cheque en blanco (por cuarenta y dos millones anuales) al Ejecutivo, o exigimos que --al menos en este caso, en el que la procedencia y el destino de los fondos parecen claros-- haya rendición de cuentas periódica del uso de los fondos del nuevo impuesto.

Pero… en el camino se atraviesa una peculiaridad de nuestra idiosincrasia: no me extrañaría que no le pongamos atención al tema, hasta que nos toque rebuscarnos para cancelar el nuevo impuesto, además de la refrenda de la tarjeta de circulación. Entonces, pagaremos a regañadientes, y a continuación --después del mal trago--, nos olvidaremos nuevamente del FONAT hasta que (Dios no lo quiera) nos toque hacer uso de él por haber sufrido un accidente, o llegue el día de volver a pagarlo.

*Columnista de El Diario de Hoy.

carlos@mayora.org