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La sociedad civil y los problemas del país

La situación del país es delicada en todas sus dimensiones. La actividad económica está disminuyendo rápidamente y muchas empresas están cerrando o reduciendo sus operaciones. Fiscalmente, el gobierno está fuera de control. La seguridad personal está cada vez peor. Los servicios del gobierno, nunca realmente satisfactorios, han disminuido su eficiencia a niveles jamás pensados. No hay medicinas, no hay programas de prevención sanitaria, las escuelas se están cayendo y los indicadores sociales están cada vez peores.

Todo esto genera un ambiente de desesperanza y derrota total en la población. Con la baja actividad económica, hay pocas oportunidades de empleo, y las que hay tienen salarios más bajos que los que han sido corrientes en el país. Esto está ocasionando fuga de talentos. Muchos profesionales y ejecutivos se han ido o están comenzando a buscar oportunidades en el extranjero para emigrar permanentemente.

Mientras tanto, el gobierno sigue paralizado y justificando su inacción y hasta su falta total de comunicación con la población. El presidente ha entrado en un silencio de semanas enteras excepto por declaraciones hechas en el exterior con contenidos contradictorios: diciendo a los mexicanos que a ellos les garantiza sus derechos como inversionistas y a Maduro que es su líder, o comandante, o algo así que sugiere que quiere imponer en el país un régimen como el de Venezuela o Cuba, que no respetan, mucho menos garantizan, los derechos de nadie.

Hay muchos que piensan que esto terminará con una catástrofe económica y fiscal inmediata. Esto puede pasar. No es probable que pase, sin embargo, a menos que haya una crisis mundial. Pero esta caída diaria, esta incertidumbre están debilitando al país de una manera que a la larga será igual o peor que una crisis súbita.

Este triste espectáculo de una administración silenciosa --en términos de soluciones a los problemas, no en términos de propaganda o de mensajes de sujeción a cubanos y venezolanos-- mientras el país se deteriora diariamente habla muy mal del gobierno, que es el que tiene la responsabilidad de planear y ejecutar soluciones para los problemas más serios del país. Pero ya deberíamos de haber entendido que el gobierno no va a hacer nada. No tiene la capacidad ni las ganas. Ya deberíamos haber entendido que los partidos políticos no lo harán tampoco. Tienen otros intereses.

Si no podemos contar con el gobierno ni con los partidos políticos, lo único que nos queda es la sociedad civil. Hay muchas instituciones que han contribuido muy positivamente a fomentar el respeto al imperio de la ley. Hay otras que analizan los problemas económicos del país continuamente y han producido muchos planes económicos satisfactorios. Pero todos los estudios de este tipo topan con una realidad muy clara: los problemas económicos son consecuencia de los problemas políticos del país. Si estos problemas se mejoran, habrá más inversión y mejorará la situación económica. Si no, ninguna medida económica funcionará.

Para mejorar la situación política, necesitamos elevar el nivel de las contiendas políticas, moviéndolo del primitivismo actual, basado en ataques personales, a debates útiles sobre las soluciones a los problemas del país. El énfasis debería estar en los problemas que atañen a la salud, la educación, el transporte y la seguridad de la población. Así como la sociedad civil ha producido muchas cosas buenas en lo legal y lo económico, es esencial ahora tener institutos de investigación que produzcan estudios técnicos para resolver estos problemas y los difundan para promover debates. Es una vergüenza para el país, por ejemplo, que no haya un buen diagnóstico del problema de seguridad, o un plan claro de cómo mejorar realistamente los servicios de salud y educación.

Estos estudios tendrían un efecto muy positivo en sus sectores. También tendrían un efecto muy positivo al forzar a los políticos a elevar el nivel de sus participaciones. Y, a la larga, mejorarían la economía.

Hay gente que quiere medidas más inmediatas, que hagan que la economía crezca al seis por ciento mañana. Esperando esto, no harán nada, y no creceremos ni ahora ni en el futuro. El desarrollo no es tarea de corto plazo.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.