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Sobre la pureza del proceso

La pureza del sistema electoral, en especial el estricto respeto a los resultados electorales, es la piedra angular de nuestro proceso democrático. Extraña, en ese sentido, "las dos opciones" que venía barajando el Tribunal Supremo Electoral para la transmisión de los resultados el día de las elecciones. Por un lado, la sensata: recontratar a la empresa española Indra, que con éxito lo hizo el año pasado a pesar de las dificultades para tabular resultados pues por haber sido elecciones para alcaldes y diputados hubo residuos electorales y, por primera vez, voto por rostro; por el otro era formar un híbrido, con apoyo de Guatemala y la República Dominicana e incluso "hacerlo en casa".

Mientras se escuchaban "argumentos" a favor y en contra, temí que saliera alguien de quienes proponían la opción del híbrido, con que como garante de la pureza del proceso se trajera como asesora a Tibisay Lucena, la tristemente célebre presidenta del organismo electoral chavista. Afortunadamente se han hecho para atrás quienes querían sustituir a una empresa de garantía mundial, por un trabuco organizado con un software utilizado en Guatemala y otro en la República Dominicana, señalando como "garantía" de los resultados a los técnicos del Tribunal Supremo Electoral. Cabal, pensé al escuchar esto último, y como asesora hasta nos pueden salir con la contratación de Tibisay Lucena.

Porque tampoco tiene validez el argumento de que se está ya tarde en el proceso de preparación de la elección presidencial, que Hacienda no ha transferido dinero al TSE, etcétera. Si no tiene empacho la coalición gobernante en hacerle semejante salvataje a Fonavipo, cómo es posible que se haya llegado a esgrimir la tesis del sistema híbrido para la transmisión (y control) de resultados el día de la elección. Enhorabuena que el presidente del TSE, Eugenio Chicas, aclaró que se contratará a una empresa de renombre mundial, llámese Indra u otra de su nivel, que opere en varios países tabulando y transmitiendo resultados el día de la elección y que sea garantía de un proceso electoral creíble.

Es lo menos que podemos pedir los salvadoreños.

Porque como bien dice el dicho popular, en los detalles es donde se esconde el diablo. Democracia, ciertamente, no sólo implica elecciones; pero me parece de mal gusto, para decir lo menos, argumentar sistemas hechizos cuando se puede tener máxima credibilidad y eficiencia con una empresa de operación global. Eso quizá tuvo razón de ser en los años Ochenta pero no en la segunda década del siguiente siglo. Nadie ha cuestionado la pureza de los resultados electorales; sí ha habido y hay "vivezas" en los centros de votación y en el cuido de urnas, que en nada han afectado la credibilidad del sistema. Y vaya que esto es un riquísimo patrimonio nacional que debemos cuidar.

Qué bueno que el propio presidente del TSE, Eugenio Chicas, haya aclarado que se hará lo mejor: contratar una empresa experta en tabulación y transmisión de resultados. Lo que a los de la llanura nos toca, mientras tanto, es vigilar que se haga y que se haga pronto. El país requiere que se haga así, para mantener la pureza de nuestro proceso democrático, que en el punto específico que hoy he tratado se mantiene inmaculado. Todos tenemos responsabilidad de que continúe así.

*Director Editorial

de EL DIARIO DE HOY.