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Sobre los 100 días

Percepciones de rumbo es lo que en realidad puede evaluarse cuando un gobierno llega a sus primeros cien días en el ejercicio del poder. En lo que va del actual periodo se percibe una clara diferencia --aún no se sabe si es de fondo o de forma-- entre Salvador Sánchez Cerén con su antecesor. El que se haya cesado en alguna medida la verborrea desde el púlpito de la Presidencia de la República ha rebajado las tensiones y el estrés entre la población. Lástima el madrugón, porque si algo minó fue la credibilidad en los llamados al diálogo, a la búsqueda de acuerdos básicos para sacar adelante al país; si eran genuinos estos llamados y no una táctica a desarrollar con miras a las elecciones de marzo. Digo minó la credibilidad, no que la haya dinamitado.

Creo que no la ha de estar teniendo facil el partido en el gobierno, ya que tras la estrepitosa caída del "Socialismo Real" en Europa del Este (su tradicional modelo hasta hace dos décadas y media) es indudable que a paso lento existe ahora el desgranamiento del "Socialismo del Siglo XXI" (su actual modelo), por lo que los petrodólares para exportar la "revolución bolivariana" dejarán de estar disponibles, si es que aún lo están. Imagino que en alguna instancia del oficialismo habrá de discutirse con crudeza esto ahora que es el FMLN puro y duro el que está en el gobierno, con un país tan emproblemado como el nuestro que decrece económicamente y donde los homicidios y las extorsiones están sin control.

Quisiera creer que ha sido producto de la discusión abierta y no de "lo políticamente correcto" la razón por la que se empezó a promover el diálogo, ya que se vuelve prácticamente imposible sacar adelante a El Salvador sin el aporte de las principales fuerzas. Intentar establecer modelos fracasados equivaldria tomar la ruta más segura hacia el desastre. Por ello fue tan nocivo y poco inteligente el madrugón del paquetazo fiscal, ya que vino a afectar la credibilidad en momentos en que los llamados al diálogo empezaban a ganar adeptos. La sensación que quedó es que se dice una cosa y se hace otra, pero intentando ser positivos de cara al país, es por acá que se encuentra la requerida hoja de ruta.

En lo primero que se requiere acuerdo es en el tema de la inseguridad pública, problema número uno de los salvadoreños que a todos ciertamente nos afecta pero en especial a aquellos donde mayor se vuelve la precariedad. Siendo los tres pilares de la Doctrina Social de la Iglesia el respeto a la dignidad del ser humano y los principios de solidaridad y subsidiaridad existe acá un excelente punto de acuerdo para la formulación de una política de seguridad pública --que si la hay, se desconoce--, que con insumos y aportes de diversos actores trascienda y llegue a convertirse en política de Estado. Todos tenemos derecho a que se nos preserve la vida, a vivir sin angustias y con tranquilidad que simplemente no tenemos en estos momentos.

La natural aspiración del ser humano es superarse económicamente, dentro de los cánones de la moral y la decencia (y por supuesto de la legalidad), para que los hijos partan desde donde sus padres pudieron llegar. Pienso que para la construcción de una sociedad más prospera, con mayores oportunidades, debería dejarse de promover la lucha de clases, que lo único que genera es odio, pobreza y falta de oportunidades. Es mejor apostarle al entendimiento, a la búsqueda del crecimiento económico, ya que de ir obteniéndolo todos nos iremos sintiendo mejor. Un autor espiritual decía, refiriéndose a la Confesión. que lo primero que en ella hay que sacar son "los sapos", lo que más aturde (hablar del IVA, por ejemplo).

Estando tan mal la situación general de El Salvador, teniendo ya la población la percepción inicial del gobierno de Salvador Sánchez Cerén, deberíamos todos apostarle a intentar sacar adelante a la Nación toda vez que el gobierno lo permita. Ojalá se fomente desde Casa Presidencial la búsqueda de acuerdos concretos que vayan en beneficio de todos, en especial de aquellos donde las necesidades se vuelven más grandes y que tan mal la están pasando en un país que, francamente, se encuentra sin rumbo. Es bueno dejar de atacar adversarios políticos desde Casa Presidencial, pero mejor aún es instar a vestirnos de azul y blanco en aras de promover prosperidad a través del crecimiento económico y de recuperar la perdida tranquilidad.

El desafío para que fructifique un eventual proceso de esta naturaleza es y será que con sinceridad se perciba que es esta la gran apuesta nacional.

*Director Editorial de El Diario de Hoy.