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Sobre estos días...

"La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va, y nosotros nos iremos y no volveremos más." Así es la letra, en mi opinión muy desafortunada, de uno de los villancicos de estas fechas. Y si la menciono es porque sé que para muchas personas estos días no los viven con la alegría profunda de la Navidad, sino con tristeza.

Tristeza porque se acuerdan de los seres queridos que ya murieron, piensan que se acabó otro año, en su lejana juventud, en que viene un nuevo año con problemas serios…Son gente que saborea una y otra vez con amargura ese "y nosotros nos iremos y no volveremos más". Visión pesimista, casi o sin casi, atea con ese "no volveremos más".

Para los que tenemos fe cristiana, ni la Nochebuena, que ya pasó, ni el año nuevo que está a punto de llegar, pueden ser motivo de tristeza. Hemos vivido los días pasados con la alegría profunda de saber el hecho perenne de que ese Dios-niño es el "Emmanuel", el dios-con-nosotros, saboreamos esa dulce verdad que trasciende de la pura fecha del 24 y 25 de diciembre. Sabemos que Jesús está siempre asequible para encontrarle en la oración meditada y en el íntimo trato de la eucaristía. Sabemos además que ahora hay que tratarle como un tiernito necesitado que nos tiende sus bracitos con una sonrisa. Meses después querrá que le tratemos en los días dolorosos de su pasión y enseguida en la alegría triunfal de su resurrección.

Sabemos que algún día no volveremos más a este mundo de ahora, tan conflictivo, de atmósfera humana tan contaminada de miserias morales nauseabundas. Pero salir de ese mundo supone la gran esperanza, llena de alegría, de llegar donde Dios Padre nos espera con los brazos abiertos --aunque hayamos sido el peor de sus hijos pródigos--, si volvemos a él arrepentidos de nuestros errores y pecados.

Un periodista italiano de La Stampa le pregunta al papa Francisco: --¿Qué significa para usted la Navidad? El Papa le responde que la Navidad es el encuentro de Dios con su pueblo. "Y también es una consolación, un misterio de consolación. Muchas veces, después de la misa de Nochebuena, pasé algunas horas solo, en la capilla, antes de celebrar la misa de la aurora, con un sentimiento de profunda consolación y paz".

El periodista dice que a menudo se presenta la Navidad como una fábula de ensueño pero Dios nace en un mundo en el que también hay mucho sufrimiento y miseria… Y el Papa contesta que los evangelistas describen una alegría. No hacen consideraciones sobre el mundo injusto, sobre cómo pudo nacer Dios en un mundo así. Todo esto es fruto de nuestra contemplación: los pobres, el niño que nace en la precariedad. La Navidad no fue una denuncia de la injusticia social, de la pobreza, sino un anuncio de alegría.

El periodista insiste: --¿Cuál es el mensaje de la Navidad para las personas de hoy? Y Francisco responde: "Dios, al encontrarse con nosotros, nos dice dos cosas. La primera: tengan esperanza. Dios siempre abre las puertas, no las cierra nunca. Es el papá que nos abre las puertas. Segunda: no tengan miedo de la ternura. Cuando los cristianos se olvidan de la esperanza y de la ternura, se vuelven una Iglesia fría, que no sabe dónde ir y se enreda en las ideologías, en las actitudes mundanas. Mientras la sencillez de Dios te dice: sigue adelante, yo soy un Padre que te acaricia. Tengo miedo cuando los cristianos pierden la esperanza y la capacidad de abrazar y acariciar. Tal vez por esto, viendo hacia el futuro, hablo a menudo sobre los niños y los ancianos, es decir los más indefensos. En mi vida como sacerdote, yendo a la parroquia, siempre traté de transmitir esta ternura, sobre todo a los niños y a los ancianos. Me hace bien, y pienso en la ternura que Dios tiene por nosotros".

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com