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Sobre “El cambio” y la región

Enconcharse y apretar —tipo política del avestruz— parecería ser la posición del oficialismo ante “el modelo” que hace aguas a través del Hemisferio. Lo que el país requiere es confianza, tranquilidad, viabilidad

"¿Con el cambio, doctor?”, le dijeron personas conocidas a un cercano amigo en un acto público en la región oriental del país, a fines de 2008. La presidencia de Tony Saca estaba llegando a su fin y compraban esperanza amplios sectores de la sociedad, sobre todo clases medias, de que el empaquetado “cambio” iba a ser para bien. Otros, en esa misma época, eran mucho más concretos: “No podemos estar peor...”, expresaban. Ante semejantes aseveraciones, llegaba ipso facto a mi mente que por supuesto se puede llegar siempre a estar peor. Crudamente peor. 

Siete años después de lo que me contó mi amigo, que cada quien haga su valoración de cómo le fue con “el cambio”. Lo que las encuestas muestran es que tres de cada cuatro salvadoreños piensa que el país va por el rumbo equivocado y que nos encontramos inmersos en una crisis generalizada, en la que el problema número uno es la inseguridad, y el número dos es la precaria situación económica de las familias. Pero también hastía el tono de confrontación existente y la dilapidación de recursos. Gobernar desgasta y, más aún, en crisis, pero para hacer diferencia en beneficio de la gente es que deberían llegar los gobiernos.

Desde la caída de los precios del petróleo —sustento de “la revolución bolivariana”— y la muerte de Hugo Chávez pudo preverse el debilitamiento gradual del autoritarismo/populismo en el Cono Sur. Venezuela, tristemente, nos enseña que la caída en el “estar peor” puede volverse casi infinita. Y ello a pesar de que es un país inmensamente rico en recursos naturales, que en vez de haber favorecido a sus ciudadanos con el más grande boom de los precios del crudo en su historia, dilapidó una fortuna a la búsqueda de exportar su “revolución”.

Inexorable se vuelve el péndulo de la vida.  
  
Porque resulta obvio que el péndulo viene en sentido contrario en el Hemisferio. Argentina es un ejemplo de ello, ya que ni ganando en semana y media el oficialista Scioli, seguiría el “Grupo K” en el poder, y todo parece indicar que es el opositor Macri quien tiene más posibilidad de ganar. Brasil es otro ejemplo, con la marca del PT “bajo el pozo”, como el mismo Lula lo dijo. El tema en esa gigantesca nación ha dejado desde hace mucho de ser la continuidad del PT en próximas elecciones, sino juicio político o no —“impeachment”— a Dilma Rousseff.

Ni Brasil ni Argentina pertenecen a la égida chavista, pero su simpatía hacia ese modelo fortaleció una tendencia que sus voceros calificaban de “progresista”, aunque tras la caída de los precios de los commodities, escasea el progreso en este tipo de sociedades. Es en los países de la región agrupados en la Alianza del Pacífico donde se sustentan postulados democráticos y de economías abiertas, que se puede apreciar el progreso: Colombia, Perú, Chile y México. No es fruto de la casualidad que sean las naciones más prósperas del planeta las que se ciñen por este tipo de postulados.

Volviendo a la arena local, enconcharse y apretar —tipo política del avestruz— parecería ser la posición del oficialismo ante “el modelo” que hace aguas a través del Hemisferio. Lo que el país requiere es confianza, tranquilidad, viabilidad. Esto sólo se logra conversando, dialogando, buscando puntos en común que lleven beneficio al país y a la gente, que es el fin último del servicio público. Calles seguras, creación de puestos de trabajo, manejo de las finanzas públicas. Temas para conversar hay, ojalá existiera la voluntad política para hacerlo. 
 

* Director Editorial de El Diario de Hoy.