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Sobre el amor humano y el cuerpo

El amor humano en todas sus vertientes es la clave para la felicidad. Sin embargo la palabra amor hoy día es la palabra más maltratada, más fraudulenta, más prostituida en su significado. En todo ambiente decadente, bajo el influjo de la imperante "cultura de la muerte" puede significar cualquier cosa. Y el amor corporal matrimonial, que tiene un sentido último religioso, menos lo entienden la mayoría de la gente, incluyendo muchos matrimonios.

Ahora --si escandaliza, mejor-- le cedo la palabra a Benedicto XVI para que nos hable de la belleza integral de la sexualidad, y como puede comprenderse al descubrir el misterio que esconde el cuerpo humano, partiendo de una de las contribuciones más originales del pensamiento de Juan Pablo II, la teología del cuerpo. Benedicto XVI recordaba que «poco después de la muerte de Miguel Ángel, el pintor Paolo Veronese fue llamado ante la Inquisición, con la acusación de haber pintado figuras inapropiadas alrededor de la Última Cena. El pintor respondió que también en la Capilla Sixtina los cuerpos estaban representados desnudos, con poca reverencia. Fue el mismo inquisidor el que defendió a Miguel Ángel con una respuesta que se hizo famosa: ¿No sabes que en estas figuras no hay nada que no sea espíritu?».

Quería mostrar Benedicto XVI que nuestros cuerpos esconden un misterio. «En ellos el espíritu se manifiesta y actúa. Están llamados a ser cuerpos espirituales. Si nuestro cuerpo está llamado a ser espiritual, ¿no deberá ser su historia la de la alianza entre el cuerpo y el espíritu? De hecho, lejos de oponerse al espíritu, el cuerpo es el lugar donde el espíritu habita. A la luz de esto, es posible entender que nuestros cuerpos no son materia inerte, pesada, sino que hablan, si sabemos escuchar, con el lenguaje del amor verdadero».

«El cuerpo nos habla de un origen que nosotros no nos hemos conferido a nosotros mismos. Podemos afirmar que el cuerpo, al revelarnos el Origen, lleva consigo un significado filial, porque nos recuerda nuestra generación, que muestra, a través de nuestros padres que nos han dado la vida, a Dios Creador. Sólo cuando reconoce el amor original que le ha dado la vida, el hombre puede aceptarse a sí mismo, puede reconciliarse con la naturaleza y con el mundo. Los cuerpos de Adán y Eva aparecen, antes de la Caída, en perfecta armonía. Hay en ellos un lenguaje que no han creado, un eros radicado en su naturaleza, que les invita a recibirse mutuamente del Creador, para poder, de esta manera, donarse. "La verdadera fascinación de la sexualidad nace de la grandeza de este horizonte que se abre: la belleza integral, el universo de la otra persona y del 'nosotros' que nace de la unión, la promesa de comunión que allí se esconde, la fecundidad nueva, el camino que el amor abre hacia Dios, fuente de amor".

La Iglesia Católica siempre ha visto en el amor sexual conyugal, único amor sexual legítimo entre un hombre y una mujer, un misterio relacionado con el amor de Cristo por su Iglesia. Por eso se ha podido escribir que "hoy, cada vez que el esposo y la esposa, abiertos plenamente al amor vivificante de Dios, se unen gozosamente haciéndose una sola carne", la Historia entera de la Alianza tiembla de alegría y se hace presente en ese tálamo nupcial que es un altar; y sobre ese altar se actualiza la entrega carnal y espiritual de Cristo a su Iglesia, y se hace realidad el Misterio del Amor y de la Vida (Las siete palabras desde la cruz de José-Fernando Rey Ballesteros)».

Aunque ese mismo autor señala que hoy la sexualidad, para muchos, «se ha convertido en un tirano despótico que humilla y esclaviza a multitud de hombres, reduciéndoles a un estado casi animal. (…) Multitud de matrimonios se van a pique estrepitosamente a causa de esclavitudes vergonzantes, y todo ello entre ordenadores, teléfonos móviles, dispositivos intrauterinos y pastillas para dormir».

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com