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Sobre la agenda país

El cruce de señalamientos --verdaderos "jabs"-- de ayer por la mañana en los actos conmemorativos de la Independencia Patria por el fuero de los diputados suplentes, refleja con crudeza el deterioro en que se encuentra nuestra Nación. Además del estado de inseguridad ciudadana en que vivimos, de lo apretado que nos tiene la crisis económica, del rumbo equivocado que como país llevamos, tal como reflejó LPG Datos en la evaluación de 100 días del presente gobierno, resulta ahora que podría estar replanteándose ante la opinión pública una nueva disputa sobre el delicado asunto de la institucionalidad del país. Porque visto desde donde se quiera ver, serios han sido los señalamientos intercambiados ayer entre el presidente de la Asamblea Legislativa y el Fiscal General de la República.

Las percepciones evaluadas sobre los 100 días del actual gobierno muestran ausencia casi total de optimismo, desesperanza si se quiere decir. Y esto no es asunto de "grandes medios" que sólo tienden a reportar lo negativo sino del día a día de la mayoría de salvadoreños. Ciertamente, percepciones iniciales de la administración Sánchez Cerén fue lo que midió la referida encuesta y no evaluación de su quinquenio, pero como que la gente ha venido quedando con una imagen cada vez más negativa de la gestión de su antecesor, quien presidió el primer gobierno del FMLN. La creciente inseguridad ciudadana, la caída en los indicadores económicos y el asunto de la institucionalidad quedaron del quinquenio anterior.

Pienso que fue esta la razón principal por lo que se confió en los llamados iniciales al diálogo: por la esperanza de que trabajando juntos, aunque sea en lo básico, hay posibilidad de sacar adelante al país. Fue así hasta que llegó el madrugón y su respectivo paquetazo fiscal. La pregunta que ahora cabe es ¿qué paso con la agenda país? O para plantearlo más claro, ¿cuál es la propuesta para estimular el crecimiento económico que logre una política de generación de puestos de trabajo? ¿Cuál es el plan para recuperar la perdida tranquilidad en nuestras calles, que logre disminuir los homicidios y reducir las extorsiones? ¿Se intentará llamar a quienes más puedan aportar en cada área o se instalarán comisiones con espíritu mediático y sin mayor aporte?

El calendario electoral juega en contra del gobierno y en contra del país pues cada quince años toca elección legislativa y municipal un año después de haber asumido y un año antes de concluir (en este caso elección 2015 y 2018 para el periodo 2014-2019). Ello, como le pasó al gobierno de Francisco Flores hace 15 años, representa una distorsión para cualquier gobierno. Pero en el caso de la administración Sánchez Cerén el asunto quizá se vuelve peor pues "su modelo" --como en 2006 le dijo a El Faro quien se dice que es el poder real en el partido oficial-- no les da para más. Es un asunto de realidades, de aceptarlas o no, pero si Venezuela fracasó estrepitosamente, ¿qué futuro habría para nosotros con un "modelo" así?

Que hay puntos en común entre diferentes actores, entre diferentes fuerzas, pues los hay, iniciando con que todos somos hijos del mismo terruño. Todos ganamos, o al menos todos deberíamos ganar con que se busque el dinamismo económico, con que crezca la economía, con que esa enorme masa laboral a la búsqueda de oportunidades de empleo, consiga trabajo. Un puesto de trabajo, por sencillo que sea, lleva autoestima a la familia, lleva beneficios sociales (de verdad, no regalías), al insertarse de lleno a la economía formal.

De haber una iniciativa creíble de diálogo no me cabe la menor duda de que habrá ilimitado aporte del sector empresarial, motor del desarrollo económico del país, donde se encuentra la verdadera fábrica de empleos.

En cuanto a la inseguridad, todos ganamos si dejamos de volar rasante y como el águila intentamos erguimos hacia lo alto, con genuina intención de incorporar en un esfuerzo nacional a las mejores mentes, a quienes más saben del tema, para establecer una política sensata, que trascienda un periodo de gobierno y se convierta en política de Estado. Se puede: voluntad y acción son las palabras claves. Voluntad de formular una política abierta, pluralista, que trate con las diferentes aristas, iniciando por supuesto con la reducción de los homicidios y las extorsiones. Para parar la matanza, para que la gente pueda trabajar y desplazarse sin la angustia con que en la actualidad desarrollamos nuestras vidas.

Por último, pero no por ello menos importante que los temas seguridad y economía, es el respeto a nuestra institucionalidad, a la democracia, la existencia de pesos y contrapesos, a las opiniones contrarias. Alrededor de ello me parece podría estar la construcción de una agenda país, donde el gobierno siga teniendo el mandato de gobernar pero nuestra Nación se nutra del aporte de otros desde diferentes puntos de vista por el bien de El Salvador. Debemos todos aportar, toda vez que en este marco se sienta sinceridad y voluntad.

* Director Editorial de EL DIARIO DE HOY.