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El Sitramss como síntoma de la sicología del FMLN

El Sitramss, que ha costado enormes cantidades de dinero y tiempo, no sólo no ha mejorado el tráfico de San Salvador. Lo está volviendo todavía peor. Desde que comenzaron sus pruebas lo que se ha observado es que la ancha avenida por la que los buses especiales transitan está totalmente vacía, con algunos buses transitando con intervalos de varios minutos, mientras que los carriles de los lados, y todas las calles del centro de la ciudad, se han taponeado con un tráfico terrible de buses y automóviles. Hasta un niño puede ver que el haber cortado la circulación de la mitad de una arteria y desviar su tráfico a otras calles mientras que la mitad cortada apenas tiene tráfico es una idea bien tonta.

Más tonto todavía es cortar transversalmente el tráfico para que los buses de Sitramss nunca se vean atrasados por los buses y carros que quieren pasar de sur a norte de la ciudad, que tienen que subir hasta la 25 Avenida Norte para poder hacerlo, aunque sea por una cuadra. Eso suma enormes cantidades de vehículos al tráfico normal de las calles que van de oriente a poniente, volviendo todavía peor la congestión del tráfico en esa dirección. Sumando esto al taponeo del tráfico de norte a sur, el gobierno del FMLN ha logrado empeorar el congestionamiento de San Salvador en todas las direcciones, sin que se haya aumentado el número de carros y buses o de gente transportada.

Pero nadie debería de sorprenderse. El Sitramss es una evidencia no sólo de la incompetencia del FMLN sino también de su sicología conflictiva. Indoctrinados en la guerra de clases, sus miembros miran todo en términos de que para favorecer a unos hay que despojar a otros.

Frente al problema del tráfico cada vez peor de San Salvador, el gobierno diseñó un sistema que intenta favorecer a un grupo pequeño de transeúntes (los que transitan de Soyapango a San Salvador) a costa de empeorar la situación de la mayor parte de la población. En su manera de pensar, nunca se les ocurrió que el éxito o el fracaso del proyecto se debe juzgar exclusivamente en términos de la mejoría o el empeoramiento de las condiciones del tráfico en general de la ciudad, no en términos de lo rápido que van a llegar los que vienen de Soyapango o van hacia allá aunque el tráfico de la ciudad colapse. Siempre creen que para que alguien gane, alguien tiene que perder. Por eso es que no entienden de tráfico, ni de economía, y sólo piensan en quitar.

El Sitramss también revela otra característica del FMLN: su abuso del poder del Estado. Así, el gobierno se apoderó de la mitad central de dos arterias principales en el Gran San Salvador, y la está usando a su antojo para que sus buses circulen más rápido que los del sector privado, a pesar de que con esto está dañando a la población.

Consistentemente con su incompetencia, el FMLN tampoco ha logrado que el transporte de los que se mueven de Soyapango a San Salvador mejore. El proyecto termina abruptamente en el Hospital del Seguro Social, un punto que no es un nudo de comunicaciones, de modo que los usuarios que van hacia el poniente de la ciudad --que son muchos-- tendrán que bajarse en un lugar que no les ofrece rápidas conexiones a su destino. El moverse de allí será lentísimo, en gran parte por el aumento de la congestión que el mismo Sitramss ha causado. La rapidez que les da para llegar al Seguro Social se las quita con el tráfico imposible que ha creado en todo el centro.

La única manera de mejorar el tráfico de la ciudad es demoler el Sitramss. No será la primera vez que el gobierno del FMLN hace algo tan mal que luego tiene que ser abandonado o destruido. La represa de El Chaparral es otro caso de desperdicio absoluto, en el que 108 millones de dólares se quedaron tirados en unos cuantos hoyos carísimos. Pero Sitramss, no puede solo abandonarse. Hay que demolerlo para que no destruya a la ciudad.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.