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No sirven a sus países, sino que se sirven de ellos

Por razones de trabajo he estado estos días en Barcelona y Madrid; tres cosas me han impresionado de esta nueva visita a España: una, la importancia que han dado y la profundidad con que han tratado el tema del papa Francisco, al asumir la dirección de la Iglesia Católica con un "nuevo espíritu".

Esto ha puesto de cabeza no sólo a la burocracia del Vaticano sino también al mundo entero, que no entiende que la tarea fundamental, esencial, del Pontífice, el Sucesor de Pedro es el seguir a Jesús, el Cristo y dar un mensaje de esperanza a quienes, desde la fe, somos hijos de Dios.

Pareciera que lo esencial se había olvidado y el aparato religioso, mezclado con el poder, se imponía y hacía olvidar que un papa, como lo ha anunciado, deba celebrar la Semana Santa, en particular, el Jueves Santo, con un grupo de reos jóvenes, condenados por delitos graves, muchos de ellos musulmanes a quienes lavará sus pies. Esta es una muestra de humildad y servicio. ¡Qué difícil es entender tal verdad para el poder, caracterizado por la fuerza que se impone a los demás!.

Un segunda cuestión que me llamó la atención es cómo ha afectado la crisis a España; son tiempos difíciles en los que los desahucios por no pagar las hipotecas aflige a mucha gente, entre otras cosas no porque esta sea perezosa o haragana, sino simplemente porque no hay trabajo; se dice que uno de cada cuatro jóvenes está desempleado, sin mencionar a los españoles mayores que no encuentran en qué y cómo trabajar en esta difícil situación. Duro es, como también duro resulta darnos cuenta de que más de un líder político, de derecha y de izquierda, por igual, se ha aprovechado de la crisis y se ha enriquecido. La corrupción está a la orden del día y no importa que sea el yerno del Rey, el contador del Partido Popular, de derecha, o el encargado de atender a los desempleados del Partido Socialista, que se quedaba con los dineros del paro. ¡Terrible! Terrible como que uno de estos cafres de la política agarra los dineros del partido, o los dineros de los contribuyentes para irse a pasear a Egipto o simplemente a vivir como reyes dentro de una sociedad empobrecida.

Hay una tercera cosa que encuentro significativa: pese a la crisis y no obstante que tenemos un nuevo papa que al parecer se preocupa por los pobres, la vida cotidiana de hombres y mujeres, que lo único que tienen que hacer es trabajar, lo hacen con una visión positiva de la vida. Lo importante es tener trabajo, tener un salario para pagar las deudas, así de simple. Permítanme darles un ejemplo: una joven señora, ejecutiva de una agencia internacional, llega antes de la hora establecida para trabajar, y lo hace porque antes de sentarse a su escritorio y encender la computadora, toma la escoba y el trapeador para limpiar la oficina. Pregunta: ¿Qué pasó con la señora que antes hacía la limpieza? ¿Y por qué la secretaria se ocupa también de la limpieza? Dos respuestas claras y llanas: la señora de la limpieza fue despedida, así de sencillo, y la secretaria, para mantener su trabajo, tiene que asumir nuevas tareas. No me interesa decir qué es lo bueno, lo malo o lo maligno del sistema, lo cierto es que están cambiando mucho las cosas y los trabajos, tanto de parte de los políticos como de los empleados. En fin, a vuelo de pájaro, he planteado tres realidades, tres condiciones sociales, económicas y humanas que ahora son "noticia" y forman parte de la vida cotidiana de los españoles. Pero lo que gravita en mi mente es: ¿Qué estamos viviendo los salvadoreños?

Me parece que nuestra cultura de aldea, que no ve más allá de nuestras narices, sigue siendo eso, muy aldeana, determinada por unos políticos que defienden un puesto en la Corte de Cuentas, o en la Corte Suprema de Justicia, pero sin poner en reflexión o por lo menos plantear hacia dónde vamos. ¿Qué queremos hacer o cómo vamos a solucionar los grandes problemas del país? El populismo de poca monta, simple y sencillo, que da beneficios a unos cuantos pero que no atiende los verdaderos problemas de la mayoría, no los comprende la actual clase política salvadoreña. Ni siquiera se plantean lo que está haciendo el papa Francisco, mucho menos cuál debe ser el sistema que permita a los salvadoreños alcanzar un mejor país y, por supuesto, que los ciudadanos puedan alcanzar un mejor futuro. En lo que sí hay creatividad y decisión es en cómo aprovecharse del Estado para que los políticos vivan mejor; dicho en otras palabras, la corrupción es el modelo a seguir en nuestra sociedad. ¡Qué pena!

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com