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Sin seguridad, no hay rumbo

Cuando el hombre se le aleja de la realidad, la realidad se acerca a él y lo golpea, reza un sabio adagio. Por sus declaraciones, parece que los funcionarios del gobierno central se han divorciado de la realidad nacional, para sumergirse en la fantasía de un El Salvador donde reina la paz, el progreso y la estabilidad.

Nadie puede ignorar que salvadoreño a todo nivel hoy en día, toma las decisiones más importantes de su vida, en torno a la inseguridad que impera en el país, no porque se lo cuentan, sino porque lo vive. Negocios cierran, proyectos se posponen, niños abandonan las escuelas, trabajadores se cambian de centro laboral, comunidades abandonan sus casas, tiendas de esquina contratan seguridad privada, todo por los altos índices de violencia que imperan en buena parte del territorio nacional.

Me pregunto: ¿Qué rumbo le verán a la Patria las familias de los más de 500 muertos producto de la violencia que se cuentan únicamente en el mes de mayo? ¿Cómo verán el país los empresarios que mes a mes son extorsionados? ¿A qué conclusión llegarán los inversionistas extranjeros al conocer que somos la nación más violenta del hemisferio? ¿Cómo se sentirá esa madre que no sabe si su niño va a regresar vivo de la escuela?

Señores del gobierno central, no se puede hablar de rumbo, cuando a pesar de los múltiples planes de seguridad implementados a la fecha, estamos viviendo el mes más violento en la ultima década. Necesitan poner los pies sobre la tierra, y entender la diferencia entre medición de esfuerzo y medición de resultados. Si los planes implementados no reducen la violencia, es porque no son adecuados o suficientes, así de simple. Es como esa dieta que alguien hace, pero no rebaja.

Sin importar cuál sea la apuesta país por la que el gobierno se decida, mientras los niveles de inseguridad se mantengan como hasta la fecha, todo se reducirá a esfuerzos que no rinden fruto, por obvias razones. De ahí, que hablar hoy de rumbo, es hablar demás.

Compatriotas que integran el Ejecutivo, comprendo que desde su posición debe ser difícil distinguir los cuestionamientos legítimos de la politiquería. Entiendan este por favor, como el mensaje de un ciudadano legítimamente preocupado por la situación de inseguridad nacional y sus consecuencias. Un padre de familia, quien espera que su gobierno presente un plan integral y realista para detener la espiral de violencia. O en su defecto, muestren la humildad necesaria para reconocer que necesitan ayuda.

*Colaborador de El Diario de Hoy.