Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Sin RSE no hay sostenibilidad

Últimamente hemos escuchado y leído mucho sobre la sostenibilidad corporativa y es importante ubicar dicha estrategia en el contexto del cambio iniciado y promovido por la Responsabilidad Social Empresarial. El devenir histórico de la RSE es impresionante. Se puede incluso vincular no sólo a eventos recientes. Desde el Siglo XIX pueden identificarse acciones que empresas tomaron en favor de sus trabajadores. La visión de una empresa integrada a la sociedad y responsable de contribuir a satisfacer las necesidades y demandas de todos sus públicos interesados ha ido madurando y complementándose a lo largo de los años.

Debemos ser cuidadosos sobre el significado y verdadero impacto de los nuevos paradigmas empresariales. Muchas veces los especialistas cometemos el grave error de estigmatizar la RSE como filantropía. Si bien es cierto que muchas empresas transitaron de la filantropía a la RSE, no puede reducirse la visión integradora a esta práctica empresarial. El ADN del cambio estratégico en la gestión empresarial se llama RSE, concepto que apareció por primera vez a finales de los años 60.

La Conferencia de Estocolmo de 1972 marcó otro hito importante al promover que las externalidades del actuar empresarial en el medio ambiente fueran incorporadas como criterio de éxito y sostenibilidad. La declaración incluye principios sobre el medio ambiente y el desarrollo. Uno de ellos dice: "el desarrollo económico y social es indispensable para asegurar al hombre un ambiente de vida y trabajo favorable y crear en la Tierra las condiciones necesarias para mejorar la calidad de la vida".

Más de una década después varias naciones elaboraron el Informe Brundtland, que se llamó originalmente "Nuestro futuro común" y que acuñó por primera vez el término de desarrollo sostenible con la famosa definición de "aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones". En el año 2004 se publica la ISO 26000 sobre RSE, que la define como: "responsabilidad de una organización ante los impactos que sus decisiones y actividades ocasionan en la sociedad y en el medio ambiente, mediante un comportamiento ético y transparente que contribuya al desarrollo sostenible (…)".

Ya en el año 2000 había sido fundada en El Salvador FUNDEMAS. Más de 130 miembros, incluidas las principales gremiales y varias universidades, la constituyeron para promover este cambio estratégico en la gestión empresarial. Cada compañía tiene el reto de definir su marco de acción y de establecer sus planes para garantizar su sostenibilidad en el tiempo respetando sus valores y principios fundamentados en la RSE. Es crucial continuar con este esfuerzo. Los referentes nacionales son las empresas mismas que actúan y permiten que esta visión se concretice. Las demás organizaciones existimos para apoyar este proceso y para poder juntos construir un mejor país.

Si bien es cierto que muchas empresas pueden haber confundido la RSE con la filantropía, también es cierto que puede ser dañino para la sostenibilidad corporativa el excesivo énfasis en la creación de valor monetario, perdiendo de vista la importancia de crear valor en términos más generales para la sociedad y precisamente para el futuro. Las inversiones sociales en educación continúan siendo críticas, especialmente en un país como el nuestro, aunque no estén vinculadas a la esencia del negocio de una empresa.

Seguimos los empresarios en los últimos puestos en nivel de confianza en las encuestas de percepción pública, muy cerca de la Asamblea Legislativa y los partidos políticos. No debemos perder tiempo en semántica. La sostenibilidad corporativa es un complemento útil y permite poner ciertos énfasis que ayudan al impacto efectivo de la RSE. Sigamos adelante. Todavía falta mucho por hacer.

*Columnista de El Diario de Hoy.