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Sin el imperio de la justicia, no hay democracia

Dice Benedicto XVI en su discurso a la Curia Vaticana del 20 de diciembre de 2010: que en Norteamérica "la democracia fue posible y había funcionado porque, más allá de las denominaciones particulares, existía un consenso moral de base que unía a todos. Sólo si existe un consenso semejante sobre lo esencial, las constituciones y el derecho pueden funcionar". Pero ¿qué pasa --digo yo-- si uno de los partidos importantes acepta las reglas del juego democrático y el otro busca como alcanzar el poder y una vez alcanzado, poco a poco, terminar por establecer la dictadura de un partido o de una persona? ¿Acaso no es ésta la situación que padecemos?

Vuelvo a Benedicto XVI, esta vez a su discurso ante el Parlamento federal del gobierno alemán, el 22 de septiembre de 2011: "La política debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz. Naturalmente un político buscará el éxito sin el cual nunca tendría la posibilidad de una acción política efectiva. Pero el éxito está subordinado al criterio de la justicia, a la voluntad de aplicar el derecho y a la comprensión del derecho". Poco después, en este discurso, cita a San Agustín: «Quita el derecho y entonces, ¿qué distingue el Estado de una gran banda de bandidos?» para recordarles después a los diputados, ese doloroso pasado nazi, sin nombrarlo directamente: "cómo el poder se separó del derecho, se enfrentó contra él, cómo se pisoteó el derecho, de manera que el Estado se convirtió en el instrumento para la destrucción del derecho; se transformó en una cuadrilla de bandidos muy bien organizada…"

Y a los salvadoreños ¿estos razonamientos no les suenan cercanos, familiares?

Nunca entendí que se aplaudieran los Acuerdos de Paz como un gran éxito político. La paz, señores políticos, es consecuencia de la justicia y aquellos acuerdos fueron de una injusticia manifiesta, de la cual todos los criminales salieron con honores y las Fuerzas Armadas que habían cumplido con su deber constitucional, esquilmadas, descabezadas y todos los cuerpos policiales disueltos y sustituidos por una policía nueva donde se admitieron muchos de los que habían trabajado para tratar de implantar, a sangre y fuego, un gobierno comunista.

No existe verdadera democracia si no existe justicia. Las pasadas elecciones ¿se ajustaron a la ley? La ley decía que si el Presidente intervenía, como intervino, debería ser suspendido de su cargo o depuesto de él. ¿Se cumplió ese derecho?… No voy a repetir toda la serie de tramposas martingalas para conseguir un triunfo de exigua mayoría, votación que la tenían perdido si hubieran actuado limpiamente.

Sánchez Cerén habla de diálogo y de gobernar para todos --Funes dijo lo mismo al tomar posesión de la presidencia--, pero Eugenio Chicas ya habla de plebiscitos, referéndums y democracia "participativa"…

Tal vez sea saludable para el futuro lejano del país que, contra toda justicia, nos gobierne ahora la cúpula del FMLN. Y que los demócratas verdaderos se dediquen a denunciar todas las tropelías que van a ir haciendo estos socialistas del siglo XXI, tan cabeza de piedra y tan incompetentes como Maduro.

Tal vez necesitamos sufrir en carne propia, porque nadie escarmienta en cabeza ajena y porque muchos de los que votaron por el FMLN no se darán cuenta de quiénes son estos presuntos salvadores de los pobres hasta que no lo sufran en su propia vida y vean todo su modo de arruinar países.

El comandante Leonel se atreve (¡!) a decir en su libro: «muy difícilmente habrá reconciliación si aquellos que cometieron grandes daños a la sociedad no son sometidos a la justicia. Tengo confianza en que ese momento llegará». Si individuos como Leonel no han querido perdonar los males que hicieron los del bando contrario, entonces lo justo sería que tampoco se les perdone a Leonel y a sus secuaces toda la serie de secuestros, asesinatos y barbaridades que cometieron en la guerra.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com