Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

El simbolismo del pesebre de la Navidad

La estrella de Belén simboliza que Dios es Dios del Universo, que Él está por encima de la creación. Que Dios se ha valido de la ciencia para mostrarnos su supremacía sobre el cosmos, otorgando la conciencia par

Si nosotros hubiéramos tenido que prepararle a Jesús un lugar para que naciera, lo hubiéramos hecho de una manera muy distinta a como fue. Seguramente hubiéramos escogido para ese nacimiento un palacio, una mansión o de barato, una buena casa. Pero Dios escogió para el nacimiento de su hijo un pesebre, en una gruta estrecha, morada de animales.

¿Por qué esa elección? Al nacer Jesús en un lugar pobre y muy humilde, fue para nosotros un consuelo. Ha sido un don, una gracia, que Jesús no despreciará jamás nacer en nuestros pobres corazones, que no sean obstáculo nuestras miserias, para que Jesús nazca en nuestro corazón y haga el milagro del cambio. No solo nace en el corazón de los santos, sino que también en las almas imperfectas, siempre que estén dispuestas a recibirle.

Es más, nuestras miserias no son obstáculo para recibirlo; sino, que son el motivo especial, el motivo irresistible para que se nos acerque. Ya vemos que para nacer eligió un lugar donde aparentemente se habían reunido todas las miserias humanas: allí estaba la pobreza, la incomodidad, la humillación, el olvido, era un lugar despreciable.

Luego, cuando Jesús salió a la vida pública escogió a sus apóstoles. No los eligió entre sabios, ricos o famosos; sino entre pobres e ignorantes. Jesús compartió y comió con los pecadores, fue amigo de pobres y publicanos, acogió a una pecadora, dejando que le limpiara sus  pies. Jesús se nos presentó con una afición muy especial por almas miserables. Se diría que cuando son mayores las miserias que encuentra en un alma, su corazón va hacia ella, a la oveja perdida.

Un lugar humilde como el pesebre se puede transformar. Lo más seguro es que la Virgen y San José lo transformaron para albergar al niño. Pues bien, eso mismo debemos hacer nosotros en este tiempo de adviento. Vamos a limpiar nuestro corazón, con buena voluntad.

Junto al pesebre, que cada Navidad representamos en la tradición católica, se encuentran varios animales entre los que destacan dos, el burro y el buey. Éstos, de la misma manera que acompañaron a Cristo en el pesebre, nos acompañan a nosotros desde nuestro nacimiento. En el día de reposo, descansará tu buey, que afanoso tira del arado, representando nuestra misión en el mundo, nuestra obra. Y descansará también tu asno, animal de carga, que simboliza la carga espiritual y de responsabilidad en la vida. Con Cristo descansan, Él, voluntariamente lleva tu cruz; las cargas que te agobian. 

La visita de los reyes magos. Cómo simbolizar de la mejor manera el reconocimiento de los líderes del mundo, de que entre nosotros ya hay una sabiduría, un amor y una mente superior, el de Dios hecho hombre. El conocimiento de Dios es superior a toda ciencia humana y sorprende a aquellos que con sinceridad buscan el conocimiento y la sabiduría, los cuales traen al Señor en nosotros, oro, incienso y mirra: el metal precioso simboliza el nivel de rey,  el incienso simboliza oración, la unción que ha visto en nosotros y con la que nos unimos a Dios. Y la amargura de la mirra, en la persecución de este mundo al que lleva la cruz, que asume el sacrificio, el mensaje de Cristo. Un mundo opuesto a la voluntad de Dios.

La estrella de Belén simboliza que Dios es Dios del Universo, que Él está por encima de la creación. Que Dios se ha valido de la ciencia para mostrarnos su supremacía sobre el cosmos, otorgando la conciencia para que le adoremos.

Era necesario que Él naciera como nació, para que nadie tuviera pretextos, no hay obstáculos. 

* Colaborador de El Diario de Hoy.


resmahan@hotmail.com