Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Signos de esperanza

Cada sábado, cuando llego a dar clases a la Universidad doctor José Matías Delgado, veo a un buen grupo de jóvenes uniformados. Por su aspecto se advierte de inmediato que no son universitarios, algunos son casi niños. Son las siete de la mañana y muchos ya están recibiendo clases. Han llegado desde diferentes lugares del país, provienen de escuelas públicas y están reforzando sus estudios. Al verlos no puedo dejar de pensar que la mayoría de ellos, para estar a tiempo, deben haberse levantado muy temprano y han salido de sus casas aún en la oscuridad para abordar el bus. Tampoco puedo dejar de pensar que estos niños han decidido sacrificar el descanso del sábado, el dormir un poco más y desayunar con más tranquilidad, para estar presentes. No son mañanas de sábado de fútbol o televisión, de visitas a los amigos o distracción con revistas de modas, son sábados de estudio. También se sacrifican sus padres o hermanos mayores que los acompañan.

Pero el sacrificio no se ve para nada reflejado en sus rostros. Por el contrario, se les ve muy animados, como satisfechos, y participan con evidente entusiasmo en sus clases. Son parte del Programa de Jóvenes Talentos en Letras, una iniciativa que surgió hace poco menos de diez años, que incorpora a los mejores estudiantes de escuelas alrededor del país que tienen talentos específicos. En el caso de la Matías Delgado, de habilidades literarias. También hay talentos en Matemáticas y Ciencias de los que se encarga la Universidad de El Salvador. Los programas de Jóvenes Talentos son arduos y tienen una duración promedio de cinco años. La cosa no es para nada fácil.

Ya hay frutos objetivos de estos programas. Se han publicado libros de los jóvenes talentos en Letras, y hay ya jóvenes estudiando becados en áreas científicas en prestigiosas universidades extranjeras, por ejemplo en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, MIT, uno de los principales centros de formación científica del mundo.

Aunque algunos lograrán ser escritores de valía, periodistas reconocidos o inventores, es obvio que no todos alcanzarán posiciones encumbradas. Sin embargo eso no es lo más importante. Lo que más importa es que a estos muchachos se les está formando el carácter. El estudiar más de lo requerido, el sacrificar tiempo de descanso, el levantarse antes de que salga el sol, forma el carácter. Son personas que, lleguen a ser lo que lleguen a ser, trabajen en lo que trabajen, serán autosuficientes y se esforzarán en cualquier cosa que hagan. Esa es una de las claves del éxito. Aprenderán a valerse por sí mismos, a conseguir lo que deseen por esfuerzo propio, sin esperar que los demás se los den.

El problema del subdesarrollo, más que de recursos, es una cuestión mental. Y uno de los factores que lo mantienen es que las personas se acostumbran sólo a pedir, a exigir, sin poner a cambio nada de su parte. Se forma en las mentes una actitud de conformismo y a veces de resentimiento. Se pierde la iniciativa y se pierde la conciencia de que es necesario esforzarse para conseguir lo que se quiere. Ni el Estado más rico puede darles a todos lo que necesitan, esa es una fantasía. El esfuerzo individual es lo que hace posible progresar. En un país con problemas de actitud, el ver cada sábado a estos niños hace pensar que hay esperanza.

*Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.