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Siempre hubo traiciones

Ya frente a la Semana Santa y conmemorando lo sucedido hace unos dos mil años, en aquella semana que empezó con la entrada de Jesús a Jerusalén el Domingo de Ramos y finalizó el Domingo de Resurrección. Después de la alegría del recibimiento por el pueblo que veían en Jesús las esperanzas que anhelaban por las circunstancias sociales, políticas y religiosas que sufrían, pues había pobreza, tiranía, ocupación por los romanos y falta de espiritualidad. Circunstancias que hoy también estamos sufriendo por estos lares, pues cada día hay que "rebuscarse" más para sobrevivir, el dinero pierde valor, la vida es más cara, el país está casi tomado por la delincuencia, tenemos miedo de salir a la calle y en nuestro cotidiano vivir la espiritualidad y religiosidad están debilitándose, pues cada día se le da más importancia a lo que se escribe en las redes sociales que al trabajo, a la política y a la religión. Como ven, con modernismo e informática, nuestras circunstancias son semejantes a las de entonces.

De entre los libros que he estudiado sobre organización cayó uno en mis manos que hablaba sobre la forma cómo Jesús gestionaba su movimiento y una de las cosas a las que según el autor prestó mucha atención, fue a la selección de las personas, que lo acompañarían en su camino. Él personalmente los seleccionó y de Judas Iscariote, según he leído en otros textos, ya se sabía que era un personaje que incluso había cometido un homicidio.

Pero lo que me ha causado mucha curiosidad desde cuando nos relataron hace muchos años la historia sagrada, es entender la verdadera razón, motivación y en qué momento Judas empezó a planear la traición a Jesús, alguien que lo apreciaba, predicaba el bien, hacía milagros y era bien recibido en las calles y los hogares.

¿Fue por dinero? No tengo idea de qué se podía obtener en aquellos tiempos por 30 monedas, pero al margen de eso, cuando se dio cuenta de la gravedad fue a devolverlo y cuando no se lo aceptaron lo arrojó al suelo del templo.

¿Fue por envidia? Quizás tampoco, porque el envidioso, disfruta cuando obtiene lo envidiado o lo envidiado desaparece y ya no es de nadie. Como después de la traición se ahorcó, tampoco disfrutó de lo que envidiaba.

Lo cierto es que esta gran traición, que tuvo como consecuencia que Jesús fue apresado, martirizado, crucificado, muerto, sepultado y resucitó, fue al mismo tiempo el inicio del gran movimiento de la cristiandad en todas sus vertientes .

*Ingeniero.

Columnista de El Diario de Hoy.

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