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Sexismo y visibilidad

Lo que comenzó siendo una reivindicación se ha ido convirtiendo poco a poco en una corriente lingüística, en una nueva manera de hablar, al menos en instancias oficiales: discursos, documentos, etc. Porque en el lenguaje cotidiano, todavía no ha permeado.

En el origen del llamado desdoblamiento del lenguaje: desde el manido "todos y todas", "niños y niñas", hasta el incorrecto "presidenta"; se encuentra un esfuerzo encomiable, encaminado a hacer visible a la mujer (¿o debería decir a las mujeres?) en un mundo machista.

Pero, dejando de lado lo anecdótico, si la mujer se siente discriminada al no verse visualizada en cada oración o frase en que se hace relación a ella, y si no reconoce dicha discriminación porque no es significativa para ella, es válido preguntarse si la característica propia del castellano, que engloba en el masculino (todos equivale a todos y todas, profesores equivale a profesores y profesoras) ambos géneros ¿es una consecuencia de la sociedad machista, o es causa de ella?

Los expertos discuten. Mientras tanto, quien sí tiene autoridad para orientarnos en el modo de hablar, la Real Academia Española, ha publicado recientemente una actualización a la gramática, en la que descarta, por innecesario, el desdoblamiento de los términos en la mayoría de los casos.

Desde hace casi veinte años, han ido apareciendo en España bastantes guías sobre comunicación, escritas y publicadas desde la perspectiva antisexista. Llevan títulos como "Guía para el uso de lenguaje no sexista en las relaciones laborales y en el ámbito sindical", o "Guía de uso no sexista del lenguaje de la Universidad de Murcia", por citar un par de ejemplos. Y al mismo tiempo, han ido publicándose trabajos académicos, el último de los cuales suscrito por más de veinticinco académicos de la RAE, en los que se reitera el calificativo de superfluo o innecesario, e incluso redundante, al desdoblamiento del lenguaje.

Para ver un poco más despacio las cosas, es necesario considerar que existen situaciones reales que no pueden ser pasadas por alto, como la discriminación laboral, social y en el hogar de las mujeres, a quienes si bien se consideran iguales (al menos teóricamente) son tratadas de manera desigual.

Por otra parte, también es verdadera la existencia de comportamientos verbales sexistas, ya que el lenguaje puede ser utilizado para discriminar, o para reflejar verbalmente una discriminación existente en contra de personas o grupos sociales.

Para corregir en algo lo anterior, numerosas instituciones oficiales, locales o internacionales, están abogando por el uso de lenguaje no solo no sexista, sino que no oculte la presencia de la mujer en la sociedad; lo que técnicamente se ha dado por llamar, que haga "visibles" a las mujeres.

Nadie duda de que es muy necesario extender la igualdad social (pues hace tiempo que la igualdad radical está fuera de discusión) entre hombres y mujeres, y lograr que la presencia de la mujer en todos los ámbitos sea más visible por medio de modificaciones al modo en que hablamos.

A fin de cuentas, entonces, resulta que si bien no está en discusión el hecho de que en muchas sociedades hay discriminación real para las mujeres, no hay consenso acerca de las medidas que la evitarían, para comenzar, y que fomentarían la igualdad social, para concluir.

En lo que sí hay un amplio consenso es en que el uso reiterativo y machacón del desdoblamiento, consecuencia del rechazo a toda expresión del masculino destinada a abarcar los dos sexos, más que lograr visibilidad de la mujer o reivindicación de sus derechos, ha llegado a ser ineficaz por repetitivo, lingüísticamente incorrecto, y sesgado ideológicamente por quienes lo utilizan.

*Columnista de El Diario de Hoy.

carlos@mayora.org