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"Seres resentidos, quejosos y sin vida…"

Las fiestas navideñas son un tiempo propicio para alimentar el espíritu. Es tan grande el torbellino de actividades durante el año que viene bien en esta época tomarse un espacio para la reflexión personal y buscar el silencio que tanta falta hace al ser humano. Ese ejercicio debe ir acompañado de la bibliografía adecuada que nos ayude a identificar las raíces de nuestras principales inquietudes. Detengámonos por un instante y olvidémonos de la política y del agobio que nos causan los problemas económicos, la enfermedad de un familiar o la pérdida de un ser querido. Todo tiene solución y nada sucede sin que exista una razón. Por eso es tan importante la oración. "Orar es hablar con Dios" decía un santo, y agregaba "¿pero de qué? De Él, de ti: de alegrías, tristezas y éxitos y fracasos y ambiciones nobles, preocupaciones diarias…, ¡flaquezas! En dos palabras: conocerle y conocerte, ¡tratarse!".

En pleno Siglo XXI podemos encontrar todo tipo de consideraciones escritas. Sin embargo en materia de espiritualidad no podemos equivocarnos. Debemos ir a la fuente, y cuando convenga, buscar un autor reconocido que nos oriente correctamente. El Catecismo de la Iglesia Católica es materia segura. Ahí encontramos los cimientos de nuestra fe y las respuestas a las grandes preguntas del hombre. Se desarrollan con rigor los fundamentos de los sacramentos, se explica la responsabilidad con la que debemos utilizar nuestra libertad, se señala cómo debería ser la participación del hombre en la sociedad y se desarrollan las principales ideas de la justicia social.

Pero aún hay más. El Espíritu Santo nos ha regalado extraordinarios Pontífices que han escrito maravillosas Encíclicas y Exhortaciones Apostólicas. El papa emérito Benedicto XVI, concluyó el año pasado una trilogía sobre Jesucristo que viene bien releer anualmente para que imitemos a Jesús en tantas situaciones de nuestra vida ordinaria. La Exhortación "Evangelii Gaudium", del papa Francisco, es otro magnífico aporte de obligada lectura. Se trata de una tierna caricia para las almas adoloridas y principalmente para todos aquellos comprometidos con el bien común.

Para los tristes, los que se sienten solos, los que creen que ya no hay esperanza o que el mundo se les vino encima y no hay salida, basta con hojear las primeras páginas de la obra del sucesor de Pedro y seguramente se animarán a leer por completo este maravilloso mensaje pastoral: "El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida (…) Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos (…) ¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido!".

Y para animar a funcionarios, diputados y candidatos presidenciales a leer y meditar sobre la influencia que poseen en cientos de miles de vidas, transcribo otro hermoso párrafo que cita la Evangelii Gaudium, retomando un mensaje de Pío XI, del 18 de diciembre de 1927: "¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo! La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común". Vaya privilegio el de aquellos que han elegido la función pública como el trabajo de su vida porque con ello, si lo hacen bien, de manera honesta y como Dios manda, están multiplicando los talentos que les fueron otorgados.

Hay cientos de libros que pueden ser consultados. Por ahora agrego a Camino, Surco y Forja, así como a "Amigos de Dios" y "Es Cristo que pasa", todos de San Josemaría Escrivá de Balaguer. También recomiendo "El misterio de Jesús de Nazaret", de Francisco Fernández Carbajal, "Ascética meditada", de Salvador Canals y varias biografías de santos por Louis de Wohl. Todos se encuentran en internet, son gratis y los que se venden son muy baratos. Dejemos de tener "los sentidos despiertos y el alma dormida" y animémonos en esta Navidad a formar nuestra conciencia y a influir positivamente en el ambiente en el que cada uno nos desempeñamos.

*Columnista de El Diario de Hoy.